Tiempo para la grandeza

Tiempo para la grandeza

Mayo 19, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

Muchas cosas que preocupan y desgastan la credibilidad en el Estado han sucedido en las últimas semanas. De nuevo, es tiempo para llamar a la reflexión de la dirigencia nacional que permita encontrar salidas a lo que tiene todos los elementos para configurar una crisis institucional de proporciones alarmantes.

El lío producido por la decisión de una sala de la Justicia Especial de Paz sobre el caso de alias Jesús Santrich y la renuncia del Fiscal General es la última de esas circunstancias. En la misma semana se produjeron la detención de un expresidente de la Corte Suprema y el llamado a otro que se encuentra en el exterior, acusados de usar sus atribuciones de manera ilícita y con el propósito de enriquecimiento.

Y en el Congreso de la República debió constatarse el hundimiento de iniciativas como la reforma política, afectada por peligrosas propuestas que no podían ser aprobadas, mientras avanzaba de manera silenciosa otra que de ser aprobada le otorgará a los congresistas la facultad de disponer del 20% de la inversión que contempla cada año el presupuesto nacional. Mientras tanto, es incierta la suerte de las varias propuestas para reformar la Justicia o aquellas que deberían consagrar la lucha contra la corrupción, dos iniciativas que exige la Nación y que llevan muchos años sin respuestas.

Pero además está la necesidad de consolidar y de ajustar a las realidades del país el acuerdo que terminó con la violencia de las Farc y el funcionamiento de la JEP, el corazón de ese trascendental paso hacia la paz de Colombia. Y al lado están el crecimiento de la violencia alrededor del narcotráfico, el surgimiento de las disidencias y grupos criminales y el fortalecimiento del Eln, respaldado y protegido por la dictadura de Venezuela.

De otra parte, y pese a la última reforma tributaria, no está claro el futuro de las finanzas públicas y salvo por el petróleo la economía muestra una desaceleración que aunque leve está afectando temas tan esenciales para el país como la generación de empleo o la demanda que trajo la llegada de dos millones de venezolanos que huyen de la ruina de su país y necesitan trabajo y protección. Y en el fondo está la inquietud causada por un centralismo asfixiante que no permite atender los problemas de toda la Nación.

Aunque no pretende desconocer los enormes progresos que Colombia puede mostrar, la enumeración anterior sirve para describir la situación que atraviesan muchos de los asuntos que deberían tener respuestas. Y frente a ellos, la política está fraccionada y polarizada, poniendo en duda la posibilidad de construir los consensos necesarios para superar esos desafíos.

Por ello es tiempo de pedir la reflexión para responder al momento que atraviesan nuestras instituciones. De apelar a la grandeza para interpretar el sentimiento nacional y encontrar las salidas que reclaman los colombianos, sin renunciar a las diferencias que caracterizan la política.

Antes que de los formalismos y la retórica, las instituciones viven del respaldo de la sociedad que se logra cuando se le dan respuestas a sus necesidades. Para eso es la democracia.

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