Tiempo para el cambio

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Tiempo para el cambio

Febrero 16, 2020 - 06:55 a. m. Por: Editorial .

Luego de quince meses de ejercer el gobierno, el presidente Duque decidió llamar a partidos distintos a los que acompañaron su candidatura para consolidar una coalición que permita avanzar en la labor legislativa. Es la manera de resolver las dificultades que han impedido las transformaciones que reclaman los colombianos y de superar el descrédito en el cual han caído nuestras instituciones democráticas en los últimos años.

El viraje se produce en momentos en los cuales está más que demostrada la imposibilidad de realizar los que sin duda son anhelos nacionales: las reformas a la política, a la salud, a la Justicia o al sistema electoral; las medidas para combatir de manera efectiva la corrupción y la posibilidad de actuar contra las causas del centralismo que impiden atender las urgentes necesidades de la provincia frente a un Estado que concentra cada vez más poder y recursos en la Capital de la República, en desmedro de las regiones.

Esos son algunos de los asuntos más importantes a resolver, los cuales llevan años en el congelador ante la imposibilidad de construir consensos políticos que reflejen la voluntad nacional. Ahora, y luego de ensayar la alternativa de actuar en medio de un esquema de gobierno y oposición en el cual el Gobierno tiene las minorías en el Congreso, el presidente Duque abrió la posibilidad de la colaboración programática y participativa que permita alcanzar las mayorías necesarias para lograr esas transformaciones.

Debe reconocerse entonces que hay un cambio con el cual se puede alcanzar el objetivo de responder al clamor nacional utilizando los instrumentos establecidos en la Constitución, y sin llegar a la protesta social permanente que pretenden imponer algunos movimientos. Para eso es la política, para negociar y lograr acuerdos con los partidos para producir los resultados que reflejen el mandato popular que está implícito en los resultados electorales.

Como era de esperarse, han reaparecido los temores sobre el regreso de las alianzas que reparten el poder, los presupuestos y los cargos para lograr una gobernabilidad que no exprese la voluntad popular. Es la tan mentada mermelada que esteriliza el accionar del Estado e incentiva conductas que desconocen su esencia y terminan aislándolo de la realidad que viven los habitantes de nuestro país.

En manos del presidente Duque y de las coaliciones que está construyendo está la obligación de impedir que se repitan esos vicios, y de lograr los resultados que esperan los colombianos. Frente a los fenómenos de inconformidad que produce la falta de respuesta a las necesidades nacionales, y ante el rebrote de la violencia que se presenta en muchas partes del territorio patrio, es indispensable convocar a la política verdadera que supere las polarizaciones estériles y se concentre en las soluciones y cambios que requiere Colombia.

Con seguridad, la Nación confía y espera que se produzcan con rapidez las transformaciones que le devuelvan la fe en las instituciones democráticas. Para ello hay que poner el interés nacional por encima de las ambiciones partidistas, y construir alianzas que permitan el cambio.

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