Terrorismo y diálogos

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Terrorismo y diálogos

Julio 23, 2013 - 12:00 a. m. Por:
Elpais.com.co

Hoy la Nación respalda unida a sus Fuerzas Armadas y hace eco de esas expresiones de solidaridad, así como la condena de la barbarie cometida por las Farc. También rechaza de manera enérgica la forma como utilizan a los campesinos del Catatumbo, o a los mineros del Valle y Antioquia para crear el caos y mostrar una falsa fortaleza, producida sólo por la ausencia de escrúpulos de los jefes de la guerrilla para ordenar crímenes de lesa humanidad.

Mientras en La Habana se habla de paz, en Colombia se masacran soldados. Y se amenaza ya de manera descarada con entregar fusiles y efectivos a la protesta del Catatumbo, confirmando los propósitos de usar la manifestación social para lograr un efecto político, el de mostrar una fortaleza que no se tiene y de usar la violencia para doblegar la voluntad de la Nación. Cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció el acuerdo para iniciar los diálogos, les dijo a los colombianos que éstos se realizarían sin un cese el fuego. Es decir, que continuarían las hostilidades. Pero tal aseveración no puede incluir que se cometan actos de aberración infinita como rodear a un grupo de 30 soldados, atacarlos con sevicia y rematarlos de manera vil. Porque esos dejan de ser actos de guerra para convertirse en crímenes de lesa humanidad.Pues bien, esa atrocidad fue la que cometieron los guerrilleros con el grupo de servidores públicos que masacraron en la vía que une los municipios de Fortul y Tame en Arauca, quienes cumplían su deber de proteger un oleoducto en construcción. No fue un combate sino una acción aleve, en la que poco importó la dignidad humana de las víctimas o los principios del Derecho Internacional Humanitario que deben aplicarse en una situación de guerra.Un día después, y mientras el comandante de la Policía Nacional ratificaba la infiltración de las Farc en la protesta del Catatumbo y la presión que ejercen sobre los campesinos para mantener bloqueos y desórdenes en las vías, uno de los Bloques de la guerrilla ofrecía armas y efectivos para continuar una movilización que ya demostró su verdadero fondo: “Pueden contar con nuestras filas, con nuestras armas, con nuestros combatientes. Dispuestos a recibirlos, a apoyarlos, a conducirlos a la victoria final”. ¿Acaso no es eso una declaración de guerra? Eso es lo que están haciendo las Farc. Es su respuesta al gesto de buena voluntad del Gobierno Nacional y al apoyo que ha tenido el diálogo entre los colombianos. Con lo cual parece que regresamos a épocas no muy lejanas en las que la barbarie fue usada para presionar la aceptación de las condiciones que la guerrilla siempre ha querido imponer en nuestro país. Estrategia que obligó a redoblar los esfuerzos militares, con resultados que si bien han sido importantes y han logrado éxitos, aún no parecen convencer a los cabecillas del terror de la inutilidad de sus acciones.Como no ocurría hace varios años, el país despertó el pasado domingo oyendo las explicaciones del Presidente y los Altos Mandos Militares sobre la masacre en Arauca, y presentando sus condolencias a los familiares de las víctimas. Hoy la Nación respalda unida a sus Fuerzas Armadas y hace eco de esas expresiones de solidaridad, así como la condena de la barbarie cometida por las Farc. También rechaza de manera enérgica la forma como utilizan a los campesinos del Catatumbo, o a los mineros del Valle y Antioquia para crear el caos y mostrar una falsa fortaleza, producida sólo por la ausencia de escrúpulos de los jefes de la guerrilla para ordenar crímenes de lesa humanidad.

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