Que se cumpla

Que se cumpla

Abril 27, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

La idea de crear impuestos al carbono es contar con los recursos necesarios para compensar el daño que se le hace al medio ambiente por la emisión de gases de efecto invernadero que genera el uso de combustibles fósiles. Más que el fondo financiero en el que esos recaudos se depositen, lo importante es que cumplan con el propósito para el cual fueron prometidos.

Con la reforma tributaria del 2016, Colombia entró en el grupo de 38 países que cobran un impuesto verde a quienes contribuyen al deterioro del Planeta por la carga de dióxido de carbono o por el impacto que tienen sobre los recursos naturales. En el caso nacional, el gravamen está dirigido a productores y usuarios de dichos combustibles y busca desincentivar su uso así como promover el reemplazo por energías alternativas y sostenibles.

Según las cuentas del Ministerio de Hacienda con ese tributo se recaudarían $668.000 millones anuales, casi el presupuesto actual del Ministerio del Medio Ambiente. El dinero, según el texto de la reforma, se debe invertir en proyectos para el manejo de la erosión costera, de la conservación de las fuentes hídricas, en la protección de ecosistemas y en iniciativas que le permitan al país cumplir con su meta de reducir en un 20% la emisión de los gases que provocan el cambio climático.

La polémica comenzó cuando el año pasado se decidió que los recaudos del impuesto al carbono pasaran al Fondo Colombia en Paz, manejado por la Presidencia de la República y la Alta Consejería para el Posconflicto. Más allá del recelo que esto causó y si se mira de manera objetiva, construir la paz que anhela el país así como emprender las acciones urgentes para la recuperación y preservación del medio ambiente, no tienen por qué ser excluyentes.

Lo que sí se necesita es tener claridad sobre la destinación de los dineros que se recauden y que se cumpla con los objetivos planteados en la reforma tributaria, para lo cual es imprescindible la participación activa del Ministerio del Medio Ambiente, entidad que hasta ahora no tenía representación en el Fondo Colombia en Paz. El inconveniente parece superado con la decisión de la Presidencia de incluir en el Consejo Directivo un delegado de la máxima entidad ambiental nacional.

Ahora mismo se les debe contar a los colombianos qué se hará con los $476.000 millones recaudados en el 2017. Lo lógico sería destinarlos a combatir la deforestación, la contaminación, la minería ilegal, el daño de las fuentes hídricas, problemas que se presentan en todo el territorio nacional y en muchos casos están relacionados con el conflicto que ha padecido el país durante décadas. Además de las políticas públicas y los proyectos de recuperación ambiental, es necesario integrar en ese propósito a las comunidades como guardianas innatas que son de los recursos naturales.

No sería admisible que los dineros del impuesto al carbono se desvíen para otros propósitos o terminen cubriendo algún déficit presupuestario de la Nación. Mucho menos cuando Colombia tiene la urgencia de restaurar sus ecosistemas para cumplir con su compromiso de ayudar a mitigar el cambio climático y asegurar el futuro del Planeta.

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