Por un aire limpio

Por un
aire limpio

Marzo 08, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

La contaminación ambiental en las principales ciudades de Colombia se ha convertido en un problema crónico, que demanda soluciones efectivas y rápidas. En juego están la vida y la salud de millones de ciudadanos, a quienes se les debe garantizar su derecho a respirar un aire limpio.

En menos de quince días Medellín y Bogotá se han declarado dos veces en alerta roja al sobrepasar los límites máximos permitidos de micropartículas aéreas dañinas para el cuerpo humano. Al mismo tiempo en Bucaramanga y su área metropolitana se declaraba el estado de prevención por los altos niveles de contaminación que registraba su medio ambiente. Son situaciones que se repiten cada vez con mayor frecuencia y frente a las cuales no basta con tomar medidas de choque que apenas perduren en el tiempo.

Las causas del deterioro de la calidad del aire en Colombia, al igual que sucede en países como China e India o en ciudades como Santiago de Chile o Ciudad de México, están relacionadas con la emisión de partículas producidas por los vehículos que usan gasolina o diesel, así como las emanaciones provocadas por las industrias. De ahí que las soluciones estén encaminadas a reducir su uso, en el caso de los primeros, y ejercer mayores controles mientras se propende por la conversión hacia energías limpias en el segundo.

Esa es la razón por la cual ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, que se salva de la contaminación aérea porque sus condiciones geográficas y meteorológicas privilegiadas permiten que los vientos se lleven rápidamente las micropartículas, han diseñado sistemas de transporte masivo que en teoría deberían cubrir la demanda de movilidad de sus ciudadanos, desincentivar así el uso del carro particular y en consecuencia reducir las emisiones contaminantes. La realidad, sin embargo, es otra.

Mientras transportes masivos como el MÍO no han logrado la eficiencia ni la cobertura que demandan los usuarios, sociedades de consumo como la nuestra permiten e incentivan la comercialización sin control de autos, motos y toda clase de vehículos particulares. No es extraño entonces que frente al pico y placa, la decisión de muchos sea tener un segundo carro para hacerle el quite a la prohibición.

La realidad es que no es restringiendo los horarios de circulación como se resuelve el problema. Se necesitan políticas públicas consecuentes con la situación de cada urbe así como entidades eficientes en el control ambiental.

No se entiende, por ejemplo, que Cali se siga negando a rehabilitar el corredor férreo que la atraviesa de sur a norte para hacer un sistema de tren ligero, que además la conecte con Jamundí, Yumbo y Palmira a través del tren de cercanías. Ahí hay una solución a los líos de movilidad y a los de la calidad del aire en la ciudad. O por qué se mantienen entidades inoperantes como el Dagma que falla a la hora de proteger de los invasores a los cerros y las reservas naturales, los pulmones de una ciudad asfixiada por las invasiones.

Las alertas rojas serán cada vez más frecuentes en Medellín, Bogotá, Bucaramanga y situaciones similares se presentarán en ciudades como Cali si no se toman las medidas que corresponden. Ya se producen 71.000 muertes al año en Colombia por enfermedades relacionadas con la contaminación del aire, ¿se permitirá que esa cifra aumente por no actuar con decisión?

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