Para responder al desafío

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Para responder al desafío

Noviembre 03, 2019 - 06:55 a. m. Por: Editorial .

El Cauca, las comunidades indígenas y la amenaza real del narcotráfico que atenta contra la vida y la tranquilidad de sus habitantes y de los pueblos ancestrales, son hoy el gran motivo de preocupación de los colombianos. Cómo enfrentar el desafío de la delincuencia organizada y cómo lograr una solución de fondo a los problemas de ese departamento y del sur de Colombia es el gran interrogante.

Las masacres de la última semana en Tacueyó y Corinto en las cuales murieron diez personas y cinco más quedaron heridas, volvieron a destapar las heridas que deja la mezcla de una violencia común empeñada en cometer cualquier clase de delito para imponer sus intereses y la debilidad del Estado para garantizar el progreso, el orden y la vigencia de las instituciones en esa parte del territorio nacional. No es una confrontación entre los pueblos indígenas y un Gobierno o entre las culturas que conviven en nuestra Nación, como se ha pretendido mostrar.

Para solucionar el desafío del crimen organizado, no parece haber solución distinta a usar la Fuerza Pública con determinación, haciendo casa común con las comunidades, entre otras razones para protegerlas de las arremetidas que sufren a manos de grupos criminales identificados con suficiencia. Eso debió hacerse hace varios años, cuando se conocieron las intenciones y los movimientos de la delincuencia que llenó de cultivos ilícitos la región y usa el terror para asegurar las rutas por las cuales transporta las drogas ilícitas.

En su momento no se hizo así, y hoy el gobierno central debe aumentar a marchas forzadas el pie de fuerza necesario para recuperar el control. Es de esperar que los dirigentes indígenas y los habitantes del Cauca se unan a esa causa para confrontar lo que es el gran enemigo de Colombia, el narcotráfico y sus expresiones de violencia en el territorio caucano, en el Pacífico y en el sur del país.

En cuanto a los problemas estructurales, las soluciones empiezan por reconocer el error de manejar a Colombia mediante un centralismo que sólo reacciona cuando la situación llega a los extremos que hoy padece el Cauca. Ya no puede ser posible que sigan sin resolverse asuntos tan cruciales como la falta de oportunidades para el desarrollo, la inequidad y la ausencia de seguridad e incentivos para el campo y sus habitantes, y la ausencia de alternativas de progreso que impidan el arrollador empuje del narcotráfico como generador de riqueza.

Son dos enfoques que no se contraponen sino que deben ser abordados en conjunto. El uno es recuperar la credibilidad y la iniciativa del Estado como árbitro de la sociedad, guardián de los derechos y generador del orden. El otro es el de las instituciones que están al lado del ciudadano y no en la lejanía, entendiendo sus problemas, promoviendo su progreso y ofreciéndole alternativas para su desarrollo.

Eso es mucho más que ofrecer soluciones de corte exclusivamente militares o sociales, para llegar a la creación de una sociedad robusta, con autonomía económica y política suficiente para convertirse en el dique contra la criminalidad que hoy la agobia. Es la forma de construir un país capaz de decidir su propio futuro.

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