Para dejar la ira

Para dejar la ira

Marzo 03, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

Entre todas las razones por las cuales nuestra Cali muestra tan altas estadísticas de homicidios y violencia al año, la intolerancia es una de sus principales causas. Qué hacer para evitar que la ira y la reacción violenta sigan siendo protagonistas principales de la vida en la ciudad debe ser motivo de preocupación e incentivo para buscar soluciones.

De acuerdo con el Observatorio de Seguridad de la Alcaldía de Cali, en el 2018 se produjeron 306 homicidios por intolerancia en la ciudad, el 26,2 % del total. Según la Policía Metropolitana, en ese año se expidieron 3.487 comparendos por riñas y por incurrir en confrontaciones violentas. Y como lo revela el informe que se publica hoy en El País, en 2019 la Policía Metropolitana ha recibido 37.561 llamadas de alerta sobre riñas en todas partes de la ciudad, las cuales han dejado 26 homicidios y 717 heridos, además de los incontables daños y personas detenidas que aumentan la congestión en las inspecciones o en las cárceles de la capital vallecaucana.

Son cifras que demuestran hasta dónde llega el uso de la violencia para solucionar diferencias que podrían resolverse si existiera tolerancia. Son riñas, conflictos de pandillas, peleas entre parejas, violencia intrafamiliar o el consumo de alcohol y drogas, que podrían evitarse si existiera una cultura dirigida a la convivencia y si se ofrecieran en forma oportuna los mecanismos de conciliación que resuelvan los naturales conflictos entre los ciudadanos.

Por supuesto, la diversidad cultural y el hecho de ser una sociedad en la cual muchos tienen necesidades que resolver pueden impulsar ese comportamiento, que contrasta de manera notoria con la alegría y la amabilidad que se le reconoce a los caleños. Pero tampoco se puede afirmar que hay algo en su sicología que los convierte en seres violentos, o que es un mal sin cura.

Quizás hay algo más determinante. Es la falta de una educación que promueva esa convivencia desde los niños hasta los adultos. De instituciones que formen en ese principio a quienes llegan a vivir en Cali, que promuevan el autocontrol en los festejos y la prudencia en el comportamiento social. Es decir, de crear un ambiente propicio al diálogo y la tolerancia por encima de la reacción airada y de la violencia que se vive en las calles de la que se conoce como la Capital de la Alegría.

Tan delicada es la situación que el Municipio ha creado una Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana. Pero se quedará corto ante el tamaño de un fenómeno que seguirá creciendo si las escuelas y colegios no incluyen en sus programas el espacio para que los estudiantes se pregunten por qué se llega a esa violencia y qué deben hacer para evitarla.

Es su vida y su tranquilidad lo que está en juego, por lo cual hay que convertirlos en protagonistas de su propio destino. De ello puede depender que se reduzcan esas tasas de homicidios que tanto preocupan a las autoridades.

El cambio debe empezar por convertir a escuelas y colegios en formadores de ciudadanos. Dejar la ira debe ser la consigna. Es la manera de lograr que los caleños podamos convivir en paz.

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