Nicaragua se moviliza

Nicaragua se moviliza

Abril 24, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Once largos años ha durado la dictadura populista disfrazada de democracia en Nicaragua. De pronto y desde hace una semana, la sociedad nicaragüense se moviliza para exigir la renuncia de Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo, quienes durante todo ese tiempo han sido amos de su país, al peor estilo de Anastasio Somoza.

El detonante fue un decreto que cambió el régimen de pensiones, creando gravámenes tanto para sus beneficiarios como para los empresarios. A partir del pasado miércoles, decenas de miles de nicas salieron a la calle encabezados por los estudiantes quienes además pedían el regreso de las libertades reprimidas por un gobierno que usa esencias florales y magia para desviar la atención sobre el totalitarismo y la corrupción con la cual ha asegurado su permanencia.

Entonces se hizo presente la barbarie oficial, asesinando a más de treinta personas, encarcelando a centenares, reprimiendo las manifestaciones e invadiendo las universidades. Pero esta vez, la respuesta fue el incremento de la protesta y la exigencia de libertad, así como de participación en las decisiones que afectan a la nación. Ese fue el mismo grito que derrumbó la dictadura de los Somoza y ahora se manifiesta de nuevo.

Tan enorme reacción hizo retroceder a Ortega y su señora, llevándolos a derogar el desventurado decreto y a llamar a un diálogo a los empresarios. La respuesta ha sido mantener el movimiento y exigir que en ese diálogo sean incluidos todos los sectores sociales, económicos, académicos y religiosos de Nicaragua, todos agrupados bajo la premisa de que el régimen debe terminar.

Y que el país de Rubén Darío tiene derecho a una democracia amplia y participativa que reemplace el absolutismo populista del matrimonio gobernante. Es la manera de rechazar también lo que en muchos sectores se asimila a la dictadura déspota y asesina que fundó Anastasio Somoza, la cual fue derrocada con una revolución de la cual Ortega fue integrante y después el primer presidente.

Sólo que la ambición lo llevó a urdir un entramado que neutralizó a las buenas o a las malas cualquier intento de oposición a su propósito y el de doña Rosario de perpetuarse en el poder. Aunque Nicaragua tuvo progresos innegables, lo cierto es que su obsesión por perseguir al periodismo independiente y por destruir cualquier organización política que no se pliegue a sus dictados les pasó factura.

Una semana después, las calles de casi todas las ciudades de ese país siguen siendo escenario de movilizaciones en las cuales participan los diferentes estamentos de la sociedad nicaragüense. En ellas se ha despertado un fervor libertario que hace recordar la gesta de hace 39 años, cuando triunfó la revolución aunque a un costo alto en número de vidas.

Esta vez, van treinta o más asesinatos a manos de las fuerzas del gobierno y los grupos paramilitares que patrocina al mejor estilo del socialismo siglo XXI de Venezuela. Es la batalla por la libertad de Nicaragua que, ojalá, logre derrotar el populismo, superar el miedo y terminar con la dictadura de Ortega y doña Rosario.

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