Negociación imposible

Negociación imposible

Noviembre 21, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Pese a las formalidades que anuncian la suspensión de la mesa en La Habana que hasta último momento mantuvo el anterior gobierno, está claro que negociar la paz con el Eln es ya casi imposible. Más aún, cuando su cercanía con el régimen que impera en Venezuela le ha ofrecido una especie de inmunidad extraterritorial en un país que fue garante de las frustradas negociaciones.

La enorme criminalidad que promueve y explota ese grupo es la causa fundamental para no seguir negociando. Eso sería como aceptar el secuestro de decenas de personas, el terrorismo contra el patrimonio nacional y el narcotráfico que los enriquece como argumentos válidos para sentar al Estado a una mesa en la cual no se consiguen resultados distintos a la retórica amenazante y al crecimiento de la violencia contra la Nación.

Luego de muchos intentos, de lo ocurrido en los últimos dos años cuando hasta el Ecuador retiró su respaldo y la negociación debió trasladarse a Cuba, creer en que el Eln tiene voluntad de paz es llamarse a engaño. Es una mentira que impide actuar como corresponde contra una organización que tiene la violencia como su razón de ser y no acepta que debe cesar sus crímenes, en especial aquellos de lesa humanidad, como requisito obvio para cualquier negociación.

Y existe otro elemento tanto o más peligroso para Colombia. Es la alianza, tácita o no, entre el gobierno de Nicolás Maduro y el Eln. Según la ONG Insight Crime, ese grupo actúa en por lo menos doce estados de Venezuela en actividades como el “contrabando de ganado y de gasolina, cobro de extorsiones, reclutamiento de menores, ataques a funcionarios de cuerpos de seguridad, narcotráfico y minería ilegal, entre otras”. Si se quiere prueba, están los miembros de cuerpos de seguridad de ese país asesinados en el estado de Amazonas por atreverse a tocar los intereses de esa agrupación.

Hay otros aspectos como la distribución de las Clap, las cajas de comida que usa el régimen de Maduro y que el Eln muestra como si fueran su aporte, o el uso de emisoras de radio en el país vecino sin ser sancionados por el gobierno chavista. Es la muestra fehaciente de una alianza que le causa enormes perjuicios tanto a Colombia como a Venezuela, y debe sumarse a la manera descarada en que los delincuentes usan el territorio venezolano para evadir a las autoridades de nuestro país después de cometer atentados, y para tener a los secuestrados o para el tráfico de drogas ilícitas sin que la dictadura actúe en contra de ellos.

Esa es la realidad que impide continuar una negociación imposible que además es rechazada por la inmensa mayoría de los colombianos, debido a la insensatez que demuestra su contraparte. Por ello hay que respaldar el pedido del Gobierno de detener a sus dirigentes que andan en el exterior gozando de todas las garantías mientras emiten órdenes para aumentar la violencia en Colombia.

No puede ser que la posibilidad cada vez más remota de revivir el agonizante proceso de negociación se convierta en patente para promover el crimen o en inmunidad para quien los ordena.

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