Medio país, aislado

Medio país, aislado

Junio 17, 2019 - 11:30 p.m. Por: Editorial .

Otra vez, la naturaleza jugando malas pasadas contra la infraestructura en la vía de entrada al Meta y a los Llanos Orientales de Colombia. Y de nuevo, como ocurre con frecuencia en la carretera que comunica a Buenaventura con el resto de Colombia, las dificultades que ocasiona el centralismo en la toma de decisiones vuelve a impedir que se adopten medidas eficaces para responder a los desafíos que plantea la compleja geología colombiana.

Lo que está ocurriendo en la Autopista al Llano es producto ante todo de la inestabilidad de las montañas que al producirse un invierno fuerte desencadenó derrumbes enormes. No hay pues razones para echarle la culpa a ninguna entidad en particular. En esa carretera existe una concesión con los peajes más costosos de toda la malla vial del país, y aunque ha sido afectada por descalabros como el del puente de Chirajara, en esta ocasión no tiene responsabilidad en lo que está ocurriendo.

Pero está claro también que nuca ha sido posible desarrollar vías de acceso distintas a la que existe hace 83 años, que conecta a Villavicencio con Bogotá. Más aún, no existen vías alternas en buenas condiciones y con capacidad para resolver el aislamiento mientras se supera la emergencia, por lo cual desde Bogotá se apela a la paciencia y a los comunicados que anuncian inversiones adicionales. Por lo tanto, la incomunicación es la consecuencia, en pleno Siglo XXI.

Es decir, hasta ahora ha sido imposible crear o impulsar los proyectos que unen la región que produce más petróleo con el centro y el occidente colombianos, sin pasar por la capital. El resultado es un infarto que afecta a una de las regiones más ricas de Colombia, mientras en los anaqueles de los ministerios, de la ANI o de Invías, duermen iniciativas como la construcción de una vía que sale de los llanos, pasa por el Tolima o el Huila y desemboca al Valle, a la espera de alguien que entienda la necesidad de esas vías para neutralizar las amenazas de una carretera amenazada de siempre por la inestabilidad de las montañas que atraviesa.

Ante la tragedia, los departamentos y municipios del oriente del país lanzan voces que claman apoyo y medidas para responder a la catástrofe y enfrentar las consecuencias del desastre natural. Pero, como ocurre con la vía de la Línea entre Armenia e Ibagué o lo que está sucediendo con la doble calzada Buga Buenaventura y los hundimientos en el kilómetro 89, la respuesta es la misma: una oficina en Bogotá planea, dirige, ejecuta, estudia y ordena la reparación, sin tener en cuenta a las regiones ni sus angustias.

La autopista Bogotá Villavicencio, sin duda una de las arterias más importantes de Colombia, es víctima frecuente de las iras de la naturaleza y ahora tiene aislado a medio país, causándole graves perjuicios a millones de colombianos. Pero esa situación es crónica y debió ser resuelta hace muchos años, si no existiera el centralismo excesivo en la toma de decisiones para la infraestructura vial que, como ocurre en la carretera a Buenaventura y en el paso de la Línea, impide atender con oportunidad las necesidades de la provincia colombiana.

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