Los intereses de Putin

Enero 23, 2022 - 11:55 p. m. 2022-01-23 Por: Editorial .

La crisis de Ucrania está generando una gran tensión, al punto en que el Papa Francisco expresó su preocupación por una posible guerra que podría desencadenar un conflicto que involucraría a todo occidente. La pregunta es si esa disputa puede llevar a lo que parece ser una guerra inevitable si no se producen cambios en la posición de las partes.

La respuesta por ahora es que la guerra no parece posible en un corto plazo. Sin embargo, la solución a las diferencias está lejana por una razón: la Rusia de Vladímir Putin considera que Ucrania es suya, y que los deseos de la inmensa mayoría de sus habitantes de acoger la democracia, combatir la corrupción que dejaron los gobiernos pro rusos e integrarse a la Unión Europea y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, son injerencias inaceptables en su política interna y desafíos a su soberanía.

La pelea de Putin por Ucrania no es nueva y se relaciona con su obsesión por reconstruir el antiguo imperio de la extinguida Unión Soviética, con los mismos elementos totalitarios y absolutistas aunque sin el ingrediente del derrotado comunismo. Por ello invadió y se apropió de la península de Crimea hace ocho años y ahora fomenta el conflicto en la región de Dombás, apoyando los intentos separatistas de los rusos asentados allí durante la dominación, su manera de acelerar la desintegración de un país que se opone a sus intenciones.

De paso, el sagaz ex dirigente de la KGB trata de aprovechar la aparente debilidad que muestra la UE por sus divisiones internas, así como su inocultable dependencia de los recursos energéticos que vienen de Rusia y de los países que están en su esfera de influencia. De otra parte, también pretende aprovechar el momento que vive el gobierno de los Estados Unidos desde el punto de vista de los conflictos que muestra su política interna y de su interés por limitar el creciente poderío de China.

En ese juego, moviliza una parte de sus ejércitos hacia las fronteras con Ucrania, además de aprovechar su cercanía con la dictadura de Bielorrusia, otro vecino. Y exige regresar a los acuerdos de 1997, cuando su antecesor Boris Yeltsin acordó una especie de estatus quo, lo que para él significa desconocer la voluntad libre del pueblo ucraniano e impedir que se sumen tanto a la UE como a la Otan. Por supuesto, no incluye la devolución de la península de Crimea ni su intervención descarada para promover la guerra secesionista en Dombás donde ya van 14.000 muertos.

Es pues un forcejeo en el cual Putin mezcla las vías de hecho que con las negociaciones diplomáticas que le ganan tiempo a sus propósitos y se convierten casi siempre en callejones sin salida ante la desproporción de sus exigencias. Su objetivo es regresar al imperio, haciéndose respetar con exhibiciones de fuerza y amenazas bélicas, mostrando su poderío militar para tratar de explotar la tendencia de Europa a la negociación para evitar una guerra que, en este caso, podría ser catastrófica.

Cómo se resolverá ese conflicto dependerá ante todo de la voluntad de quien pretende revivir el imperio de los Zares y de la fracasada Unión Soviética.

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