Los gestos de paz

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Los gestos de paz

Septiembre 22, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

El pasado miércoles en compañía del Secretario General y Jefe de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia y la Embajadora de la Unión Europea, el presidente Iván Duque estuvo en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (Etcr) ubicado en Miravalle, San Vicente del Caguán. Además de la visita y de sus palabras, el acto fue uno de los gestos más simbólicos y representativos del compromiso que existe en el Gobierno Nacional para sacar adelante el proceso de paz pactado con las antiguas Farc.

La visita tiene gran importancia en la medida en que demuestra la intención del Jefe de Estado de cumplir el acuerdo firmado en el Teatro Colón de Bogotá por el entonces presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de la guerrilla, ‘Timochenko’. En su momento, y durante la campaña presidencial del 2018, ese fue uno de los temas sobre los que giró la polarización y el debate político, llegando en ocasiones a extremos preocupantes.

Se puso en duda entonces la intención del hoy presidente Duque de honrar esos compromisos, adquiridos por su antecesor, muchos de los cuales fueron criticados por el entonces aspirante a la primera magistratura de nuestro país. Y durante mucho tiempo se mantuvo la sospecha de que él no cumpliría los acuerdos, mientras sectores de su partido instaban a terminarlos, lo cual elevó el debate político a niveles alarmantes.

Era la paz y en especial la negociación usadas como herramienta electoral o como bandera partidista, todo lo contrario a lo que debía esperarse en un país agobiado por los conflictos que han desencadenado violencia, pobreza y atraso. Lo mismo que en menor medida está ocurriendo ahora, cuando alias Iván Márquez, el jefe de la comisión negociadora de las Farc y un grupo de sus amigos decidieron desconocer lo que firmaron y continuar delinquiendo.

La presencia del Primer Mandatario tiene entonces un gran significado. Aunque él no respalda varios de los puntos acordados, al ir al Espacio Territorial del Caguán el presidente Duque ratificó su intención de honrar la palabra empeñada por el Estado. Con ello le dio un espaldarazo a quienes se desmovilizaron y cumplen el convenio de entregar las armas y renunciar al delito y la violencia.

Fue pues un acto que fortalece las instituciones democráticas y razón para ratificar el compromiso de sacar adelante el fruto de una negociación que terminó con cincuenta años de horrores. Por supuesto, en el acuerdo hay aún asuntos que causan diferencias, incumplimientos que deben ser subsanados y tentaciones de regresar a la confrontación producidas por el narcotráfico y las dificultades del Estado para cubrir los vacíos aprovechados por las organizaciones criminales.

El gesto demuestra la voluntad del Estado de culminar el proceso que llevó a la desmovilización de diez mil guerrilleros y culmina con su reintegración a la sociedad. Es la demostración de que sí es posible usar la política para resolver los conflictos siempre que exista voluntad real de paz, y de la seriedad para convertir en realidad la aspiración de los colombianos de vivir en paz.

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