Las mentiras de Ortega

Las mentiras de Ortega

Marzo 31, 2019 - 11:30 p.m. Por: Editorial .

En medio de una gran incertidumbre sobre la verdadera voluntad del régimen, el gobierno sandinista y la Alianza Cívica Opositora lograron un acuerdo para buscar una salida a la crisis que vive Nicaragua. Daniel Ortega está más aislado por la represión que aplica contra las movilizaciones que en todo el país exigen su salida, el rechazo a la corrupción oficial y el adelanto de las elecciones generales.

El acuerdo firmado el pasado viernes establece el compromiso del gobierno de respetar las libertades civiles, terminar con la represión, permitir las manifestaciones, desarmar a los grupos paramilitares, liberar a los presos políticos y hacer reformas para un posible adelanto de las elecciones.

Sin embargo, 24 horas después de firmado el acuerdo, reapareció la violencia contra las protestas y los manifestantes en Managua. Los pocos medios independientes que resisten informaron que varias personas resultaron heridas con arma de fuego cuando un grupo se expresaba en dos centros comerciales de la capital en la llamada ‘Sentada nacional’.

Los protestantes fueron apresados por la Policía y posteriormente liberados. Un trino de monseñor Jorge Solórzano dejó en claro la sensación que embarga a la ciudadanía: “seguimos viviendo momentos de violencia y falta de respeto a la vida humana en nuestra Nicaragua. Que en este tiempo de Cuaresma el Señor conceda fuerzas para luchar contra el mal y retomar el camino del bien”.

Este hecho de violencia, a menos de un día de lograda la tregua, confirma las dudas sobre el real compromiso de Ortega y Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta, acusada de instigar las represiones. Desde abril del año pasado, el gobierno se embarcó en una batalla contra todo lo que huela a oposición o crítica, y ha dejado más de 500 muertos y miles de prisioneros. La persecución ha provocado que miles de personas hayan huido del país, los medios de comunicación han sido intimidados y confiscados y los desaparecidos son incontables.

Mientras sus grupos paramilitares cometen atrocidades, el gobierno dice que ha liberado a 160 detenidos, de los 600 que son considerados presos políticos. La mayoría de ellos fue apresada en forma arbitraria durante las manifestaciones o en sus lugares de residencia tras ser espiados por los esbirros del régimen. Ahora se acordó que será la Cruz Roja Internacional la que se encargará de coordinar la libertad de los detenidos.

Con la economía al borde del colapso y sostenido únicamente a través de la política del terror copiada de sus aliados cubanos y venezolanos, Ortega pretende ahora tener un segundo aire. La atención está centrada en si el dictador está negociando para determinar las condiciones de su salida o si se trata de otra maniobra dilatoria de las que acostumbran aquellos que pregonan el Socialismo del Siglo XXI.

A la luz de los últimos acontecimientos nada parece cambiar las tácticas de horror del brutal sátrapa nicaragüense y su esposa. Luego de lo ocurrido horas después del acuerdo, parece ingenuo creer en las promesas de quien ha demostrado su desprecio por la libertad en Nicaragua.

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