La voz de la Región

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La voz de la Región

Enero 19, 2020 - 06:55 a. m. Por: Editorial .

Al parecer, por ahora será imposible resolver los problemas que padecen las vías del Valle y el manejo de la malla vial, así como las nuevas obras de infraestructura que deben realizarse para conectar el suroccidente del país con el resto de Colombia y de Suramérica. De nuevo, es necesario invocar la solidaria presencia de los vallecaucanos para reclamar las soluciones que no aparecen.

Ya se ha dicho hasta la saciedad que a la vía a Buenaventura le faltan cuarenta y nueve kilómetros para su terminación. Van dieciocho años, se van a cumplir cinco períodos presidenciales, han pasado una decena de Ministros de Infraestructura, y esa vía sigue a la espera de que en Bogotá se decida la contratación de los tramos que faltan, algo que en los últimos dieciocho meses se ha anunciado de distintas maneras pero que no se define.

Y qué decir de la vía Mulaló-Loboguerrero que acortará en una hora la llegada al Pacífico colombiano y ahorrará importantes recursos en combustible. Para su construcción se firmó hace cinco años una Asociación Público Privada que garantizara su financiación y culminación. Pero le falta una licencia de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, Anla, que, según se sabe, puede durar dos años más en aparecer.

De otra parte, la concesión de la malla vial del Valle fue terminada hace dos años. Por lo tanto, los recursos de los peajes que se dirigían al mantenimiento y la financiación de las obras que se requieren para completarla es manejada por el Instituto Nacional de Vías, Invías, y crecen las quejas por el deterioro de esas carreteras y el desvío de los recursos que deberían concentrarse en la que hasta ahora es la mejor red vial de Colombia.

También es necesario aludir a obras que como la doble calzada entre Santander de Quilichao y Popayán siguen en el aire. Como lo están proyectos cruciales como las obras que completarán el anillo vial entre Palmira y Candelaria, el tramo entre Buga y Mediacanoa, la salida de Cali hacia Buenaventura o la reconstrucción urgente de la carretera panorama entre Yotoco y Ansermanuevo.

Todas ellas pueden impulsarse con los recursos de los peajes que ahora se lleva el centralismo. Pero, y pese a los reiterados anuncios del presidente Iván Duque y de algunos de sus ministros, la claridad sobre el futuro de esas obras de infraestructura en la región aún no aparece. Incluso, la suerte del mantenimiento de lo que han llamado la carretera Bogotá-Buenaventura no se conoce, a pesar de que Invías o la Agencia Nacional de Infraestructura han divulgado soluciones que no aparecen.

Por ello es necesario convocar a los recién elegidos mandatarios, a la dirigencia empresarial y cívica del Valle y a los congresistas del suroccidente colombiano para que hagan sentir la voz de la región en la capital de la República sobre algo que muestra uno de los grandes problemas institucionales de Colombia. Es la manera en que se incumplen esos compromisos y el centralismo se convierte en enemigo del progreso.

Tanto los vallecaucanos como los habitantes de Cauca y Nariño deben tener respuestas a sus requerimientos en materia de la infraestructura que son indispensables para construir prosperidad y desarrollo.

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