La violencia de Ortega

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La violencia de Ortega

Julio 01, 2018 - 11:34 p. m. Por: Editorial .

Al tiempo que miles de personas se reunían en 80 ciudades del mundo en la denominada Vigilia Mundial y Solidaridad con Nicaragua, una multitudinaria marcha se convocaba en Managua para protestar contra la represión orquestada por el régimen de Daniel Ortega.

Mientras los ciudadanos libres en diferentes países llamaban la atención de la comunidad internacional ante los ataques de grupos paramilitares y la oficialidad nicaragüense, que han dejado cerca de 300 muertos, la respuesta del gobierno de Ortega fue más terror y represión.

Miles de manifestantes se reunieron en la llamada Marcha de las Flores para hacer un homenaje a los 20 niños que han sido asesinados por la violencia que se desató en el país desde el pasado 18 de abril. Sin embargo, la tranquilidad de la manifestación fue interrumpida cuando fue atacada a balazos por grupos armados encapuchados. Una persona murió y una docena más quedaron heridas, mientras el gobierno evadía de nuevo su responsabilidad.

No es la primera vez que lo hace el régimen de Ortega, sumido en una crisis política y social desde cuando quiso imponer una reforma a la seguridad social que fue rechazada por la ciudadanía. Pero lo que en cualquier democracia hubiese sido un legítimo derecho ciudadano, en las calles de Nicaragua se transformó en un delito que encendió las alarmas del gobierno y provocó una represión que ha dejado desde abril pasado cerca de 300 muertos.

Esa violencia ha contado con el apoyo de grupos paramilitares que emboscan a los manifestantes y sobre los que el Gobierno dice que no tiene ningún control. Sin embargo, la realidad es otra. Son muchas las pruebas que demuestran cómo el régimen aúpa esas agrupaciones encargadas de hacer la ‘guerra sucia’ en defensa de un gobierno desgastado, que pretende eternizarse en el poder de la mano de Ortega y su esposa Rosario Murillo, la vicepresidenta del país, de quien se dice maneja todos los hilos.

A pesar de que la Iglesia Católica ha intentado buscar una salida a la crisis, el Presidente no parece interesado en lograr un acercamiento con los opositores. Por el contrario, sigue apostando a minimizar los derechos fundamentales y presionar a los medios de comunicación independientes para que no informen sobre lo que está sucediendo.

Ayer el papa Francisco elevó de nuevo sus oraciones para hallar una salida. Mientras una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y delegados del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos pidieron “garantizar la vida e integridad de todos los manifestantes”.

Sin la presión internacional será muy poco probable que el oprobioso régimen de Ortega escuche a los ciudadanos. Es hora de que los gobiernos democráticos de América exijan que termine la represión y que el pueblo nicaragüense pueda expresarse de manera libre y sin temor a ser asesinado en las calles por pensar diferente. Ortega tiene que entender que Nicaragua no es la finca de su propiedad ni tampoco la de su esposa.

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