La verdad no se discute

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La verdad no se discute

Septiembre 30, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

El infortunado incidente de unas fotos incluidas en el informe presentado por el presidente Iván Duque ante la ONU no puede ser usado para desviar la atención sobre hechos que son de conocimiento público. Es claro que la dictadura de Nicolás Maduro y de los militares que la soportan tiene relación directa y comprobable con el Eln, las disidencias de las antiguas Farc y otros grupos de violencia y narcotráfico que afectan a Colombia.

Esa es la verdad que expresa con datos e investigaciones lo que está ocurriendo al otro lado de la frontera con Venezuela. Por lo menos 1400 integrantes del grupo armado que más amenaza a nuestro país, a nuestra industria petrolera, a la tranquilidad y las libertades de muchos colombianos, están en el territorio venezolano.

También es incuestionable que allá son protegidos por militares, policías y autoridades civiles, como lo narró la serie de investigaciones realizadas por la Unidad Investigativa de El País y publicadas por este diario entre el 11 y el 15 de septiembre de 2017. También existen los testimonios gráficos donde aparecen marcadas con el nombre del Eln y distribuidas por sus integrantes las cajas de comida que reparte el régimen, las Clap.

El documento entregado por el presidente Duque al Secretario General de la ONU contiene también la ubicación geográfica de los campamentos donde se albergan los grupos de quienes atraviesan la frontera para urdir y cometer actos terroristas contra el pueblo colombiano, así como un listado de los jefes de esa organización. De otra parte, allí están las pistas de aterrizaje que utilizan los narcotraficantes, incluidos los integrantes de las disidencias y el mismo Eln para recibir y enviar al exterior los cargamentos de drogas ilícitas que se producen en nuestro país.

Hay pues suficientes evidencias como para que la comunidad internacional asuma su revisión y tome una posición frente a la alianza criminal que se produce en Venezuela y amenaza para la estabilidad de Colombia y para la tranquilidad de sus habitantes, además de ser un eslabón del narcotráfico para el resto del mundo. Y si bien se produjo un incidente desagradable a raíz de unas pocas fotos incluidas en el documento que entregó nuestro Primer Mandatario, ello no puede servir como argumento para desconocer la gravedad de lo allí denunciado.

Ya el Gobierno Nacional ha dado las explicaciones para aclarar lo que sin duda no debió incluirse en un documento tan trascendental, además de tomar medidas que fijan la responsabilidad del insuceso. Lo que sigue es aplicar el principio que guía a la ONU, dirigido a impedir que los gobernantes de un país se alíen con terroristas y delincuentes para desestabilizar al vecino, llevar el terror y auspiciar el narcotráfico.

Que no se olvide el informe de la Comisionada de Derechos Humanos del organismo internacional sobre la crisis de Venezuela, los abusos de la tiranía que lo gobierna y la diáspora de venezolanos que ha ocasionado. Esas verdades y las contenidas en las denuncias del gobierno de Colombia son muchísimo más importantes que la polémica sobre las fotos.

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