La tragedia de siempre

La tragedia de siempre

Septiembre 14, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Y falta preguntar qué pasa en las demás ciudades de Colombia. Por paradójico que parezca, es la consecuencia del éxito en la persecución al delito que aumenta el número de personas capturadas y a la vez crece el drama de las cárceles. Es la consecuencia de no tener una política criminal y carcelaria que tenga en cuenta los derechos de los ciudadanos. Y de no destinar los recursos que se requieren para atender una obligación constitucional.

Aunque parezca increíble, los jueces se enfrentan entre sí mediante la tutela sobre los derechos de los detenidos y ahora son los parques los que deben ser usados como cárceles. Es la cara de la crisis que padece la justicia en Colombia, y que redunda en el desconocimiento de derechos fundamentales de quienes son acusados o condenados, mientras no se toman las medidas necesarias para enfrentar la debacle que sufren los centros de reclusión. La historia en Cali es de no creer. Hace poco, el fallo de una tutela ordenó reducir el envío de detenidos a la cárcel de Villahermosa, por cuanto la superpoblación del centro, cuya estructura acusa serios problemas, llega a más del 260% de su capacidad. La consecuencia es que las inspecciones de policía, que no fueron construidas para alojar detenidos, están saturadas y con serios problemas de seguridad y de salud. Ahora, un fallo del Tribunal Superior del Valle ordenó trasladar a Villahermosa a 400 reclusos en esas inspecciones, lo que es una contradicción de fallos anteriores, además de aumentar la incertidumbre de estas personas.El otro caso ocurre en Bogotá. Según publicación de El Tiempo, un parque de Engativá fue convertido en cárcel al aire libre, donde son llevados los detenidos que ya no caben en las Unidades de Reacción Inmediata de la Policía, similares a las inspecciones de Cali. Allí, en el espacio público y frente a todo el mundo, centenares de personas pasan el día esposados, en carpas que debieron comprar sus familiares y con enormes limitaciones para su higiene y el cumplimiento de sus necesidades básicas. De nuevo, los derechos humanos de ciudadanos que deben ser protegidos están siendo desconocidos por el Estado. Y falta preguntar qué pasa en las demás ciudades de Colombia. Por paradójico que parezca, es la consecuencia del éxito en la persecución al delito que aumenta el número de personas capturadas y a la vez crece el drama de las cárceles. Es la consecuencia de no tener una política criminal y carcelaria que tenga en cuenta los derechos de los ciudadanos. Y de no destinar los recursos que se requieren para atender una obligación constitucional.El asunto tiene décadas. Sólo que ahora es inmanejable y no se trata sólo del espantoso hacinamiento que existe en las cárceles colombianas, se ha trasladado a las inspecciones de policía y llegó a los parques. Ya el problema está en las calles y en los parques llevando a que Colombia sea acusada por violación de los Derechos Humanos de los detenidos. Y no se resuelve decretando una emergencia carcelaria, acabando el Instituto Nacional Penitenciario o cambiando sus directivos cuando se presenta alguna crisis de salud, o de amotinamientos, o de corrupción. Es el drama de un país que no ha podido resolver un tema esencial para la seguridad y para la aplicación de la Justicia. Porque la Justicia es el centro del problema, en la medida en que hay que garantizar los derechos de los acusados y condenados, respetándoles su integridad y ofreciéndoles condiciones dignas. Eso no lo está haciendo el Estado colombiano.

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