La tragedia de los inmigrantes

La tragedia de los inmigrantes

Agosto 27, 2018 - 11:45 p.m. Por: Editorial .

Se trata de actores distintos en tierras diferentes que comparten un mismo drama. La tragedia que padecen los inmigrantes de Siria, Libia y los países africanos que intentan llegar a Europa es comparable con la desgracia que están viviendo miles de venezolanos que huyen de un oprobioso régimen, del hambre y del no futuro.

Mientras esta semana en Italia el ministro del Interior, Matteo Salvini, impedía el ingreso de 138 inmigrantes que fueron rescatados en alta mar por la patrullera Diciotti, los gobiernos de Perú y Ecuador comenzaron a exigir pasaporte a los venezolanos para tratar de controlar su ingreso. En ambos casos, los gobernantes echan mano a instrumentos odiosos para evitar mayores problemas a sus naciones.

En el caso de nuestros vecinos, aquella hermandad pregonada durante siglos quedó en entredicho. El único país que continúa dando su mano a los venezolanos que salen por montones de su nación acosada por la destrucción que causa la tiranía es Colombia. Sin que pueda decirse que aquí existe un mar de abundancia, Colombia ha dado un ejemplo de solidaridad con quienes necesitan ayuda.

Son vecinos que hoy enfrentan una tragedia humanitaria, similar a la que se vive en Siria, El Congo o cualquiera de las naciones africanas inmersas en conflictos y miseria. La peor cara de los países comienza a aparecer en estos dramas.

En Europa, el caso del bloqueo al Diciotti no ha sido el único. En España, Grecia, Italia y Chipre han quedado varados por semanas barcazas con inmigrantes hambrientos y desesperados que huyen de la miseria en sus territorios. Los ataques xenofóbicos han aumentado y en algunos países, como Hungría e Italia, han ganado candidatos de extrema derecha con plataformas políticas que ponen a los inmigrantes como el gran problema para el desarrollo de sus naciones.

También Donald Trump, en Estados Unidos, ha emprendido acciones radicales contra los inmigrantes centroamericanos, algunas de ellas inhumanas como separar a niños de sus madres. Y como no hay nada que se reproduzca mejor que el mal ejemplo, ya en nuestro vecindario comenzaron a notarse comportamientos agresivos contra los inmigrantes venezolanos. En Brasil, donde cada día cruzan la frontera entre 600 y 800 personas, fue atacado un campamento de refugiados, acusados de asaltar a un comerciante. Perú les pide un pasaporte que el gobierno chavista se niega a expedirles y en República Dominicana, los expulsan.

Mientras en Europa tratan de absorber los 1,8 millones de inmigrantes que han llegado desde el 2014, en América del Sur se estima que la diáspora venezolana supera los 2,5 millones en el mismo periodo. Ante el fracaso en la participación de la OEA y la inoperancia de la ONU frente a semejante catástrofe humanitaria, Colombia, que ha recibido más de un millón de venezolanos, insiste en conseguir la intervención internacional que haga posible darles condiciones dignas.

Empero, como dijo el presidente Iván Duque, esta es una consecuencia de la dictadura que gobierna a Venezuela y mientras eso no se resuelva la migración no se detendrá.

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