La tarea ambiental

La tarea ambiental

Enero 04, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Con una ola de calor extremo, preámbulo de un fenómeno de El Niño que ya se prevé intenso, Colombia le da la bienvenida al 2019. Este será un año crucial para el país en materia ambiental, en el que se deberán tomar las decisiones correctas para enfrentar con éxito los múltiples problemas que aquejan a sus ecosistemas y para darle cumplimiento a las metas en las que se ha comprometido la Nación.

Ese Niño que amenaza con temperaturas aún más altas para los próximos meses, que provocará sequías e incendios forestales y que tiene en riesgo el suministro de energía eléctrica, es el primer reto que enfrenta Colombia. Si bien es un evento natural que se repite con mayor fuerza cada cierto tiempo, su llegada se ha hecho más frecuente, con consecuencias más graves, mientras hay pocos indicios de que el país se haya preparado para mitigar sus efectos.

Basta mirar la creciente deforestación en territorio nacional para saber que cualquier fenómeno de la naturaleza, como El Niño o su antípoda La Niña, está llamado a causar estragos o, peor aún, tragedias con costos incalculables. La verdad es que aquí se sigue fracasando en la lucha contra la tala indiscriminada de bosques y de selvas que no sólo ha sido imposible de detener si no que va en aumento desde hace tres años. Claro, hay ejemplos a seguir como el del Valle, uno de los pocos departamentos colombianos donde la cuenta en rojo se ha saldado, la recuperación forestal avanza por buen camino y la protección de las cuencas hidrográficas se ha hecho prioritaria.

Igual suerte corre la batalla contra la minería ilegal pese a la amplia normatividad que rige en el país y a las cortapisas que, al menos en el papel, se le han puesto a ese negocio letal para el medio ambiente, los ríos y la salud de la población. Este debería ser el año en que se haga un verdadero ejercicio de autoridad para frenar esa actividad y en el que la Justicia demuestre su firmeza a la hora de sancionar a quienes promueven todas las formas de atentado contra la naturaleza. ¿Por qué se continúa aplazando la reforma a las Corporaciones Autónomas Regionales cuando ya deberían estar despolitizadas y fortalecidas para cumplir su misión?

La protección de los recursos ecológicos no puede ser un asunto menor para el país. Sería un error con aquello que hoy es su mayor riqueza, donde está la garantía para su futuro y que con seguridad marcará la fortaleza económica y social de Colombia frente al mundo a la vuelta de unas décadas. Las buenas intenciones no bastan, como tampoco tener una de las legislaciones más avanzadas en materia ambiental.

Las leyes hay que reglamentarlas para que funcionen, y a la par con la delimitación de zonas protegidas hay que garantizar su cuidado. Se tienen que asignar los recursos técnicos y financieros necesarios para lograr esos propósitos. Y se tienen que activar los llamados bonos verdes y darle vida al Programa Nacional de Cupos Transables de Emisión de Gases de Efecto Invernadero para que quien contamine, pague.

Pero por sobre todo, hay que contar con un plan de educación ambiental bien estructurado que llegue a todos y les enseñe a los colombianos a cuidar lo que tienen así como a ser partícipes activos de la protección de su naturaleza. Sin ello, nada dará resultados positivos.

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