La sombra de la impunidad

La sombra de la impunidad

Septiembre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El mundo reclama saber ya qué pasó en Iguala y quiénes son los verdaderos responsables de la espantosa tragedia que pretenden hundir en el olvido".

Han pasado dos años de la desaparición de 43 estudiantes mexicanos de la escuela normal de Ayotzinapa. Hoy, la investigación sigue sin resultados creíbles y el Estado mexicano cubierto por la sospecha y las acusaciones de ineptitud, hace temer por la impunidad absoluta.La clave para mantener las cosas detenidas ha sido mentir, con la complicidad de sectores oficiales. Lo claro es que alguien no quiere que se sepa lo que ocurrió. Tras ese crimen que clama justicia y verdad, la respuesta ha sido las mentiras, en un intento por desviar la responsabilidad sobre un crimen en que están involucrados gobernadores, alcaldes, policías, fiscales y narcotraficantes. Nadie acepta que un ajuste de cuentas entre bandas de narcos terminó en la masacre de los normalistas como instrumento de escarnio.Punto final, dicen de manera arrogante los manipuladores de la investigación. Olvidan que a la luz de la ley, los estudiantes no están muertos porque sus cadáveres no aparecen. Ni tampoco fueron incinerados en el lugar en el que se intentó montar una escena, avalada y decretada como verdad histórica por el entonces Procurador General de la República.Y no es el único que ha pagado con su cabeza los desatinos. Al asfalto y a investigaciones, ojalá sí serias, acaba de ir a parar Tomás Zerón, jefe policial más importante en el caso, quien violó la cadena de custodia en el basurero donde, según la versión oficial, se les prendió fuego a los cuerpos de los estudiantes, luego de asesinarlos. Además, Zerón llevó allí a un inculpado un día antes de que esa persona debía comparecer a una diligencia en ese sitio.Junto a tal cadena de irregularidades hay una ausencia de voluntad política para correr el velo que cubre el destino de las víctimas. El presidente Enrique Peña Nieto ha resultado, como en otros frentes, inferior a su papel. Sus promesas de brindar todas las garantías para encontrar pronta verdad en Iguala se las llevó el viento.Nadie responde por qué sectores de la Fuerza Pública aparecen en cada tramo de los pasos del asesinato de 43 personas inermes, sin hacer nada por salvarlos ni encontrar las pruebas que debieron conocer pero persisten en ignorar. Más aún, cuando las denuncias permitieron encontrar decenas de fosas comunes con cadáveres de desaparecidos que hasta entonces no contaban para el Estado de México.Iguala no es una excepción en el presente mexicano. Y América Latina, desde el país norteño hasta el Cono Sur, está colmada en su pasado cercano de Igualas y de Ayotzinapas. Sin el poder de la ley, con el Estado en el papel de espectador antes que de árbitro, las sociedades quedan a merced del más fuerte, y de los insospechados y eficientes cómplices que les resultan en el sector público.Ayotzinapa y sus normalistas no pueden quedar impunes. Ante la pasividad oficial, la lucha de las familias de las víctimas y de muchos sectores que de una u otra manera buscan la verdad merece más que solidaridad. El mundo reclama saber ya qué pasó en Iguala y quiénes son los verdaderos responsables de la espantosa tragedia que pretenden hundir en el olvido.

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