La rumba nacional

Escuchar este artículo

La rumba nacional

Junio 25, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Hoy se inicia el último de los puentes de junio. A juzgar por el comportamiento registrado en los dos anteriores, son muy altas las posibilidades de repetir el desorden y el desacato a las medidas que toman los gobiernos nacional y municipales.

Es como si prevenir el contagio y evitar más víctimas hubiera dejado de ser la prioridad para quienes con su comportamiento exponen su salud, la de sus familias y la del resto de la sociedad. Para ellos no parece existir la obligación de resguardarse, fundamental para que Colombia pueda recuperar su normalidad e impedir que la crisis de salud, la que padecen los bolsillos de los colombianos y destruye la economía, siga siendo la amenaza nacional.

Las autoridades a todo nivel han tomado las decisiones necesarias para controlar el contagio al máximo posible, incluyendo toques de queda y ley seca, como ocurrió en Cali. El resultado es lamentable, pues miles de personas en casi toda Colombia hicieron caso omiso, armaron rumbas multitudinarias o fiestas en sus casas en las cuales ignoraron prevenciones tan elementales como el uso de los tapabocas, la distancia y el aseo de las manos.

Y no fue solo en Cali. El General que dirige el departamento de la Policía Nacional reconoció que entre el 13 y el 15 de junio debió intervenir 1865 fiestas en todo el país, y 2280 entre el 19 y el 22. Es decir, la rumba crece, el desafuero aumenta y la amenaza del contagio se multiplica a pesar de las acciones que toman las autoridades. De ellas, 597 fueron en Bogotá, 380 en Medellín y 220 en la capital vallecaucana donde un barrio decidió armar una fiesta colectiva de más de 500 asistentes sin las mínimas precauciones.

Y se impusieron en total 23.400 multas, cada una de las cuales cuesta $936.000, además de las sanciones que deberían aplicarse a quienes no cumplieron el toque de queda, medida extrema que parece ser ya objeto de burlas. Quizás los infractores estén esperando que el Estado haga uso de la fuerza para después desencadenar el escándalo por la violación de sus derechos, los mismos que quienes van a los jolgorios les desconocen a sus compatriotas.

Sin duda, hay fatiga ante el prolongado aislamiento. Y es evidente que no basta con emitir normas y amenazar con sanciones, sino que debe existir una labor de educación y motivación a las comunidades para que sean ellas las que aseguren el cumplimiento de disposiciones que son creadas para proteger a sus integrantes.

Por ello hay que resaltar que los dirigentes de la Colonia Nariñense en Cali hayan reconocido su error al convocar la rumba masiva del pasado sábado, comprometiéndose a fomentar el acatamiento de las determinaciones sanitarias y de aislamiento. Las autoridades están cumpliendo su deber, pero si no hay apoyo de los ciudadanos, cualquier esfuerzo será frustrado y las consecuencias se reflejarán en la salud, las libertades y el bolsillo de cada ciudadano.

Así las cosas, los colombianos tienen que elegir entre la rumba y el desorden que promueven el contagio o la paciencia para aceptar el aislamiento social y las medidas de protección que aseguran una nueva normalidad menos peligrosa.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS