La quema del Amazonas

La quema del Amazonas

Marzo 02, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Poco a poco los incendios que se han presentado durante las dos últimas semanas en la Amazonía colombiana se van controlando. Sin embargo, la recuperación de las extensas áreas afectadas tardará décadas, si es que en todos los casos se puede revertir el daño causado.

No es inusual que durante la temporada seca de la región, comprendida entre los meses de noviembre y marzo, se presenten conflagraciones en las extensas selvas y bosques amazónicos. Pero tampoco es normal que en solo 15 días se prendan 29 incendios y se llegue a tener 500 puntos de fuego activo al mismo tiempo, justamente en las periferias de Parques Nacionales Naturales como Chiribiquete, entre Guaviare y Casanare, o la Sierra de la Macarena en el Meta.

De acuerdo con las denuncias hechas por las comunidades aledañas a las zonas afectadas así como a las investigaciones adelantadas por la Fiscalía y el Ministerio del Medio Ambiente, la mayoría de esos incendios han sido intencionales. Es la práctica usada tradicionalmente en los procesos de colonización de tierras: se queman los bosques y se invaden las tierras para extender las áreas de cultivo o de pastoreo de ganado.

Solo que en la Amazonía desde hace años se le ha añadido otro componente, el del narcotráfico que hace florecer su negocio en medio de la selva o en regiones apartadas, donde el Estado se ha caracterizado por estar ausente. No hay que hacer muchas cuentas para saber que la mayoría de las 3.500 hectáreas arrasadas en las últimas dos semanas en la Macarena o de las 20.000 que se han perdido desde noviembre hasta hoy entre Guaviare y Casanare, todas en zonas protegidas, terminarán inundadas de cultivos ilícitos.

El daño que se ha producido es enorme. A nadie se le puede olvidar que las 48 millones de hectáreas que conforman la Amazonía colombiana son parte de la mayor reserva forestal del mundo, que juega el papel ambiental más importante por su capacidad de absorber dióxido de carbono y devolverlo como oxígeno a la Tierra, y porque también es la mayor productora de agua del Planeta.

Es por eso que el daño ocasionado por los incendios forestales no sólo repercute en la Amazonía o en las comunidades y poblaciones de la región. El hecho de que no amenace directamente a Bogotá, no significa que no afecte a los bogotanos, o que sus consecuencias no se sientan en la Costa Caribe ni en el resto del continente.

Si se le sigue prendiendo candela a ese pulmón verde, se reducirá la capacidad de la naturaleza para procesar las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que acelerará el proceso de cambio climático que hoy se vive. De paso crecerá la escasez de agua, como ya se está viviendo en el sur del continente donde los llamados ‘ríos aéreos’ que nacen en el Amazonas y se descargan en forma de lluvia para alimentar las fuentes hídricas, se reducen cada vez más.

Por eso no hay otra opción que proteger la Amazonía, perseguir a quienes causan los incendios y aplicarles la ley. Tarea que es responsabilidad de las autoridades, la Justicia, los entes ambientales y también de cada colombiano.

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