La protesta y el orden

Escuchar este artículo

La protesta y el orden

Julio 21, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

A la zona han llegado los Ministros y hasta el Vicepresidente de la República para dialogar y plantear respuestas. Sin embargo, todo parece inútil. Y ha cambio se radicaliza el asunto, reclamando cosas como la creación de una zona de reserva campesina o suspender la erradicación de cultivos ilícitos, en una coincidencia extraña con las propuestas de las Farc en La Habana. Mientras tanto, los choques arrecian y aunque el presidente Santos ratifica su intención de concertar salidas pacíficas, advierte la infiltración de la guerrilla en la protesta.

Semanas difíciles las que ha vivido el país con la aparición de protestas originadas en distintos sectores sociales y económicos. Aunque son expresiones que deben respetarse, también deben ser aisladas de la influencia y la manipulación de quienes pretenden usarlas para crear el desconcierto y defender la ilegalidad.El paro en el Catatumbo ha sido el gran protagonista. Tras cuarenta días, los dirigentes del movimiento parecen imperturbables en sus objetivos, que van mucho más allá de las reivindicaciones justas de los campesinos. Nadie duda de que el abandono estatal y el incumplimiento de promesas hechas para responder a protestas anteriores está en la génesis misma de una movilización. Pero ya es inocultable el afán por prolongar el paro con propósitos distintos al logro de las reivindicaciones para los campesinos. Por encima de consideraciones partidistas hay que reconocer que el Gobierno ha atendido el reclamo.A la zona han llegado los Ministros y hasta el Vicepresidente de la República para dialogar y plantear respuestas. Sin embargo, todo parece inútil. Y ha cambio se radicaliza el asunto, reclamando cosas como la creación de una zona de reserva campesina o suspender la erradicación de cultivos ilícitos, en una coincidencia extraña con las propuestas de las Farc en La Habana. Mientras tanto, los choques arrecian y aunque el presidente Santos ratifica su intención de concertar salidas pacíficas, advierte la infiltración de la guerrilla en la protesta.Algo parecido está sucediendo con la minería. Cumpliendo su obligación de legalizar y ordenar la actividad, el Ministro de Minas ha venido adelantando diálogos con los mineros artesanales y los sectores que tradicionalmente han desarrollado de manera informal la actividad. Es una labor compleja pero necesaria para impedir entre otros peligros que se imponga la minería ilegal, aquella que arrasa el medio ambiente y se usa para financiar los grupos criminales y la guerrilla.La respuesta fue una explosión de bloqueos en la geografía nacional, de tomas de carreteras o atentados que han requerido la enérgica y oportuna intervención de la Fuerza Pública. De nuevo es necesario distinguir entre la protesta social lícita y representativa, de los intentos por sembrar el caos y de las inaceptables vías de hecho que perjudican al resto de la sociedad colombiana, causando daños y promoviendo la incertidumbre.Ahora se espera el anunciado paro de un sector de los cafeteros y de otros gremios agrícolas. Ellos deben saber que el país ha acompañado sus reclamos de ayudas para superar la crisis. Pero deben tener claro que las soluciones no saldrán del chantaje y la paralización nociva e inaceptable de regiones y ciudades, como le ocurrió a Popayán hace algunos meses.En resumen, que haya protestas y que se cumpla con su obligación de atenderlas. Pero quienes las organizan deben saber que ello no les autoriza a perjudicar el bien común. Y el Gobierno debe demostrar que ejercerá la autoridad cuando la protesta pretenda rebasar los límites y convertirse en motivo de zozobra y violencia contra el resto de la Nación.

VER COMENTARIOS