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La nueva oleada

Octubre 15, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Según autoridades colombianas, nuestro país se prepara para una nueva ola de inmigrantes venidos de Venezuela en proporciones cada vez más grandes y en circunstancias cada vez más difíciles. Serán 250.000 personas según los cálculos oficiales, quienes saldrán a como dé lugar ante la mezcla de ruina de su país, de las carencias que encontraron cuando regresaron y el mal trato al que son sometidos por un gobierno que se supone debe protegerlos.

Cuando se desarrolló la pandemia, de Colombia salieron 100.000 venezolanos que formaban parte de los 4,5 millones que, se calcula, abandonaron su patria ante el desastre causado por la tiranía que manda allí. En su inmensa mayoría son personas de escasos recursos que según sus palabras prefieren salir a los países vecinos en busca de fortuna en vez de quedarse sometidos a la escasez, la ruina, la falta de servicios públicos y el desempleo.

Esos migrantes, una verdadera tragedia humanitaria que ha sido acogida con todas las dificultades por Colombia y los demás países suramericanos, regresaron cuando se presentó la emergencia del Covid-19 que obligó al aislamiento social. Ellos fueron recibidos en campos de concentración discriminados por el régimen que encabeza Nicolás Maduro y sometidos a unas condiciones peores a las que tenían cuando su primera marcha. La miseria, el hambre y las privaciones fue lo que encontraron cuando al fin pudieron llegar a sus lugares de origen.

Ahora, 250.000 venezolanos caminan hacia Colombia en las más penosas circunstancias. Acosados por sus autoridades que los extorsionan o los despojan de sus pertenencias para permitirles el avance, aspiran a entrar a nuestro país, confiando en que aquí serán atendidos. Son seres humanos que no parecen tener la atención de los organismos internacionales salvo por las declaraciones de funcionarios de la ONU o de organismos multilaterales que no se atreven a exigir de la tiranía de Maduro y sus secuaces la responsabilidad que les cabe como miembros de la comunidad internacional.

Pues esas personas, integrantes de una diáspora que se calcula ya en 5,5 millones de venezolanos expulsados de su país, están a punto de ingresar a Colombia, según se informa. Y se dice que tanto la Fuerza Pública como los organismos de inteligencia y de migración han diseñado un plan para cerrar las trochas y los pasos fronterizos y tratar de contener lo que parece ser una avalancha de migrantes.

Por supuesto, y así se diga que habrá medidas estrictas, será imposible negarles la ayuda que necesitan. Esta vez, la situación es más crítica ante las consecuencias que hayan dejado la pandemia y la emergencia social, sanitaria y económica que se desprenden de ella.

La pregunta es qué hará la comunidad internacional, tan acuciosa para criticar las actuaciones del Estado colombiano, para obligar a la dictadura de Venezuela a asumir su deber con sus propios ciudadanos. Y cómo ayudarán a Colombia para atender los cientos de miles de seres humanos para quienes escapar de su país y refugiarse aquí o en el resto de Suramérica es la solución, así deban pedir limosna o someterse a todas las penurias posibles.

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