La mejor del mundo

La mejor del mundo

Diciembre 04, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Colombia vuelve a ser noticia de primera página por cuenta del deporte. Esta vez, la antioqueña de 34 años Caterine Ibargüen, una espigada negra de 1,81 metros de estatura, belleza pura y sonrisa blanca, es quien le regala al país una inmensa alegría.

Ayer, en Montecarlo, Caterine dio otro salto a la gloria, como ya nos tiene acostumbrados, al ser elegida por le Federación Internacional de Atletismo como la Mejor Atleta del Año. Un reconocimiento al que llega después de tener un 2018 espléndido. Ganó la Liga de Diamante en salto largo y triple, además de haber conquistado el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Una gesta histórica.

No fue fácil para Caterine llegar a lo más alto de la cúspide. Porque hace diez años, cuando la gloria le era esquiva, pensó en abandonar el atletismo, pero apareció la mano salvadora del entrenador cubano Ubaldo Duany, un hombre conocedor como pocos del atletismo latinoamericano, y la convenció de que el éxito para ella estaba en el salto triple. Dejó entonces el salto alto y se encumbró a la gloria. Desde entonces, Caterine ha pisado el mundo entero con sus largas zancadas para ganar en todos los lugares y campeonatos en los que ha competido, entre ellos la prestigiosa Liga de Diamante, los Mundiales de Atletismo y los Juegos Olímpicos.

La sencillez, la alegría y el don de gente de la antioqueña la han acercado mucho más a los aficionados en Colombia y el mundo entero. Y este reconocimiento de la Iaaf ha llegado en la plena madurez de la atleta, que espera retirarse de las pistas en los Olímpicos de Tokio 2020.

Le había coqueteado ya Caterine al premio a la Mejor Atleta del Mundo. Estuvo nominada en las ediciones 2013, 2014, 2015 y 2016, pero supo trabajar y esperar y ganar, y fue en este 2018 cuando llegó la recompensa a su disciplina. No había manera de quitarle el premio, porque dos títulos en dos categorías distintas (salto largo y triple) en una misma Liga la ponían como la primera opcionada al reconocimiento.

Sus palabras, tras recibir el premio en Montecarlo de las manos del príncipe Alberto II de Mónaco, son elocuentes: “Es un premio que tiene un sabor muy dulce. La perseverancia, la disciplina y el amor por esto valen la pena, así que estoy muy agradecida porque hoy Dios me demuestra que nunca hay que darse por vencido, sino seguir luchando”.

Y no solo a Colombia le ha regalado Caterine esta gran alegría. También al atletismo latinoamericano, porque solo una vez un deportista de esta condición había sido exaltado en la máxima categoría por la Iaaf. Sucedió hace 29 años, cuando la ochocentista cubana Ana Fidelia Quirot recibió en 1989 el galardón en compañía del vallista estadounidense Roger Kingdom, en la segunda edición de los premios.

El lunes, cuando la atleta llegó a Montecarlo, perdió su maleta y tuvo que ir a comprar un vestido nuevo para la gala. Pero ganó un trofeo que todos los atletas del mundo quieren tener en su vitrina. Y ganó Colombia. Y ganó Latinoamérica. Y ganó el deporte en general, porque atletas como Caterine son los que necesita siempre el mundo.

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