La herencia de Maduro

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La herencia de Maduro

Julio 29, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

El panorama se ve mal para el gobierno de Nicolás Maduro con independencia de su cuestionada legitimidad. La herencia de Chávez es una bomba de tiempo que golpea a todos por igual y desgasta la coraza de protección que construyó mediante la retórica y el nacionalismo exacerbado.

100 días después de su cuestionada posesión como Presidente, Nicolás Maduro parece haber encontrado calma en cuanto a la legitimidad de su mandato. Pero enfrenta una pesada herencia económica legada por el desgobierno de su antecesor.Aunque la oposición se niega a reconocerlo como presidente legítimo, la atención se ha enfocado en la discusión de los graves problemas por los que atraviesa la economía del país. Sobrevaluación del bolívar, inflación rondando el 40% anual, desabastecimiento de productos básicos, disminución de las reservas por la caída en los precios del oro, y baja productividad de la industria petrolera, conforman parte del menú de problemas que recibió el Mandatario.Para algunos analistas venezolanos, Maduro "ha entendido mejor los problemas económicos que el gobierno de Chávez. Ese triángulo perverso que causa la crisis, el control de cambios, el control de precios y las expropiaciones que minaron la capacidad productiva, el gobierno lo reconoció mejor y más rápido", opina Luis Vicente León. Y agrega, que esos problemas, y no el cuestionamiento de su legitimidad, “es lo que puede costarle el puesto”. Con un crecimiento de apenas el 0.7% en el último año, la situación del gobierno se puede calificar como “riesgosa”.Además, Maduro no puede enfrentar la delicada situación a la manera de Chávez, pues no cuenta ni con el carisma, ni con la capacidad histriónica de Chávez. Ante cualquier dificultad el fallecido líder bolivariano podía hablar por horas ante el televisor, contando anécdotas de su infancia, salpicando su relato con bromas populares, y aún cantando y bailando. Sin sentido del ridículo, encantaba a los venezolanos que lo veían como uno de los suyos y le perdonaba que al final ni explicara nada, ni resolviera nada.Maduro, por el contrario, tiene resistencias incluso en el propio partido de gobierno. En varias ocasiones, en diversas asambleas partidarias, se ha tenido que pedir silencio para que se puedan escuchar las palabras del Presidente, circunstancia insólita en la Venezuela chavista que se acostumbró a aclamar a su caudillo.Además está el recurrente asunto de la corrupción, que se sabe está enquistada al más alto nivel. Maduro se atrevido a hablar tímidamente del tema, lo mismo que a denunciar algunos casos que involucran a funcionarios de menor rango. Pero la oposición ha ripostado señalando que el blanco de cualquier campaña anticorrupción deben ser “los peces gordos”.Como si fuera poco, la obsesión chavista de cambiar las reservas en dólares por oro, comenzó a pasar su cuenta de cobro. Las reservas venezolanas han alcanzado su mínimo de los últimos seis años al caer a US$24.300 millones, el 8% del Producto Interno Bruto, según el cálculo del centro de análisis de la banca de inversión Barclays Capital.El panorama se ve mal para el gobierno de Nicolás Maduro con independencia de su cuestionada legitimidad. La herencia de Chávez es una bomba de tiempo que golpea a todos por igual y desgasta la coraza de protección que construyó mediante la retórica y el nacionalismo exacerbado.

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