La guerra olvidada

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La guerra olvidada

Febrero 23, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

La semana pasada, The New York Times publicó una columna firmada por el líder talibán Sirajuddin Haqqani. En ella, el autor, un criminal buscado por la Corte Penal Internacional, pedía el fin de la guerra de veinte años con los Estados Unidos.

La polvareda que se armó por la publicación por darle vitrina a un terrorista, ocurre en medio de un agónico esfuerzo de negociación en Doha entre el Talibán y funcionarios estadounidenses. Si hay acuerdo, el resultado sería la retirada de las fuerzas de EE.UU del territorio afgano tras una guerra eterna e imposible de ganar.

Practicante de la más extremista ley islámica, o Sharia, el Talibán nació en Kabul en 1989 tras la retirada de las tropas soviéticas, y creció como espuma. La guerra con Estados Unidos empezó con los ataques de las Torres Gemelas en 2001, cuando el grupo se negó a entregar al cerebro de el atentado, Osama Bin Laden.

Y Estados Unidos involucró a la Otan, la que Trump critica por inútil. Desde la invasión de las fuerzas internacionales a Afganistán 3500 soldados han muerto en combate, la mayoría de ellos estadounidenses. Y aunque la ONU dice que son más de treinta mil afganos, entre civiles y militares los que han muerto en esa guerra, otras fuentes calculan números mucho mayores de ambos lados.

Las fuerzas internacionales se retiraron en 2014, pero Estados Unidos permaneció, aunque en menor escala. Mientras tanto los insurgentes ganaron terreno hasta contar con más de cinco mil combatientes y con presencia en más del 70% del país. Dice el gobierno de Donald Trump que fue este grupo el que dio primer paso hacia la tregua cuando se acercó para buscar una “hoja de ruta hacia la paz” cuya primera etapa concluyó recientemente, con relativo suceso y un acuerdo temporal.

De culminar con éxito la negociación, será el final de otra guerra inútil. Como sucedió en Vietnam, la mayor potencia militar del mundo saldrá de prisa, sin asegurar la estabilidad de la democracia o el control de sus aliados sobre el país que ha padecido toda clase de experimentos militares.

Hoy hay optimismo después de nueve rondas de conversaciones en Qatar en un proceso que ha estado en riesgo ante las arremetidas de los violentos. Su reinicio abre la posibilidad de una retirada de tropas y un cese a las actividades terroristas del Talibán en Occidente. Lo de menos será la negociación con el gobierno débil y corrupto de Kabul, que refleja el fracaso.

Para muchos Afganistán es sinónimo de un fracaso militar y un intento fallido de democracia que resultó en crecientes negocios ilícitos como la amapola y el tráfico de heroína. Salvo la muerte de Osama Bin Laden en Pakistán y el golpe a Al Qaeda, el verdadero artífice del atentado a las Torres Gemelas, es imposible encontrar una victoria militar de Estados Unidos en Afganistán.

En ese contexto, esta tregua es el principio de una salida apresurada que dejará a Afganistán a merced de los talibanes, como ocurrió en Vietnam. Con un presidente en plena campaña por la reelección, la salida de la guerra olvidada se convierte en un elemento más para su continuidad.

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