La guerra impensable

La guerra impensable

Septiembre 27, 2018 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Se ha puesto de moda hablar de todas las opciones posibles para enfrentar lo que la inmensa mayoría de la comunidad internacional califica como tragedia humana y que ha producido la condena unánime contra sus autores. Es el desastre que ha generado la tiranía aposentada sobre Venezuela durante los últimos veinte años, empeñada en desconocer la destrucción que ha causado en su patria y el desastre al que condena a los venezolanos que no forman parte del cada vez más estrecho círculo del poder y la corrupción.

La Asamblea de la ONU fue el último de los escenarios de esa condena producto de la cual se expresó en una resolución de rechazo a la dictadura de Nicolás Maduro y de llamado a enfrentar la emergencia humanitaria que su régimen ha producido. A la par, casi todos los presidentes y jefes de Estado que hicieron uso de la palabra, en especial los de nuestra América, fueron enfáticos en exigir el regreso de la democracia, de las libertades y de la decencia a la patria de Simón Bolívar, el símbolo de esas causas en nuestro continente.

Esa expresión mundial es producto también de la increíble diáspora causada por la llamada revolución bolivariana, la que tiene hoy a miles de venezolanos caminando por las carreteras de Colombia y de otros vecinos en busca de comida, de protección y de futuro. Mientras tanto, en las cárceles de la tiranía abundan los presos de conciencia y en las calles imperan la desolación y la represión, y el crimen que se alía con sus autoridades para reprimir a quien se oponga o para apropiarse de lo poco que va quedando.

Esa condena coincide con los movimientos innecesarios y desafiantes de las Fuerzas Armadas de la dictadura en la frontera con Colombia. Innecesarios, porque la soberanía de Venezuela no está amenazada, salvo por los integrantes del ELN y de las bandas de narcotráfico que abundan en las regiones fronterizas, protegidas por el gobierno y los militares amigos de Maduro. Y desafiantes, porque son una provocación que ya produce reacciones de gobiernos amigos de nuestro país, lo que le sirve a la dictadura para aumentar su falso discurso nacionalista.

Y crece la incertidumbre, donde la palabra guerra se oye cada vez con mayor frecuencia y en tonos más altos. Es el momento para afirmar que nadie puede pensar en una confrontación entre Colombia y Venezuela, dos naciones unidas de siempre, y que el pueblo venezolano no es el culpable ni el promotor de lo que está sucediendo.

Es la dictadura representada por Nicolás Maduro la causante de la tragedia que vive ese sufrido y bravo pueblo venezolano al que se refiere su himno nacional. Es esa tiranía, adiestrada por el gobierno de Cuba y aprovechada por quienes se roban o se quedan con la riqueza que pertenece a la nación hermana, la que origina un éxodo de proporciones infamantes y obliga a nuestro país y a nuestros vecinos a ayudar a quienes son las víctimas de ella.

Por ello, Colombia debe seguir siendo solidaria con el pueblo venezolano y no puede pensar jamás en una guerra fratricida que sólo beneficiará a la dictadura de Maduro y sus secuaces.

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