La cumbre y la pandemia

Febrero 23, 2021 - 11:55 p. m. 2021-02-23 Por: Editorial .

“La distribución de vacunas es salvajemente injusta y desproporcionada (…). En este momento crítico, la igualdad de las vacunas es el mayor reto moral al que se enfrenta la comunidad internacional”. Es el llamado de Antonio Guterres, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, ante la reunión del Grupo de los siete, el G-7 que agrupa los países más desarrollados y con mayores recursos económicos del planeta.

Se supo allí que el 75% de las vacunas se ha distribuido en 10 países, aquellos con mayor capacidad de pago o que son sede de los laboratorios donde se producen las vacunas contra el Covid-19. El 25% restante se ha repartido entre 130 naciones donde se acumulan las más grandes poblaciones y muchas de las cuales no son capaces de competir por algo que debería ser ante todo una solución para la especie humana.

Así se explica por qué a América Latina han llegado pocas vacunas, a pesar de los compromisos firmados hace varios meses. Es claro entonces que allí no valen esos principios nobles ni la necesidad de combatir el coronavirus de manera metódica para evitar que se mantengan focos donde el enemigo se reproduce o se transforma, lo cual hace imposible en la práctica controlar la pandemia, por lo menos en un momento cercano.

Tan grave disparidad se refleja en que países como Canadá o como Gran Bretaña tengan vacunas equivalentes a siete veces su población total, mientras muchos países de África no hayan recibido la primera dosis y en Suráfrica se presente una mutación más peligrosa, lo cual redunda en su aislamiento. O que a Colombia llegaran apenas cincuenta mil vacunas en la primera entrega, ocasionando la impaciencia pues el Gobierno anunció que ya había adquirido las dosis necesarias para vacunar a treinta y cinco millones de colombianos en el transcurso del 2021.

En la reunión se supo que los integrantes del G-7 anunciaron la destinación de cinco mil millones de dólares para la compra de vacunas que se entregarán a los países con menores recursos, y se escuchó al Primer Ministro de la Gran Bretaña que entregará los excedentes de su país a la misma causa. Los comunicados oficiales de la cumbre califican ese gesto como “un punto de inflexión para el multilateralismo” y de impulsar la salud y la prosperidad de todo el planeta.

Hasta ahora, las dificultades para satisfacer la enorme demanda de lo que sin duda es la tabla de salvación para superar la crisis han hecho que el asunto tome un cariz político que se ha usado de múltiples maneras. Mientras tanto, África es escenario de la batalla por colocar las vacunas que en pocos meses abundarán y necesitan mercado. En ella toman su lugar Rusia y China al lado de los países capitalistas, lo que demuestra que no todo es filantropía, humanismo o la solución multilateral que se espera para acabar con el gran enemigo de la especie humana.

Entre tanto, mientras la cumbre del G-7 llega a su final, el miedo al contagio sigue golpeando a miles de millones de personas, las economías se estremecen y continúa la angustia por conseguir el remedio mágico que puede hacer posible el control y la erradicación del Covid-19.

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