La cruda realidad de Cali

La cruda realidad de Cali

Abril 01, 2018 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

Cuando se creía que los esfuerzos por detener la criminalidad en Cali estaban dando sus frutos al rebajar la estadística de homicidios y la ciudad podía recuperar la tranquilidad perdida por los crímenes sin resolver, la cruda realidad reaparece. Es el regreso a cifras que deberían causar alarma en la sociedad y reclaman acciones para requieren la atención del Estado y la sensibilidad ante el respeto por la vida.

Diecinueve muertes violentas en el fin de semana comprendido entre el 8 y el 11 de marzo pasados, y nueve más entre el 16 y 18 de este mes, hicieron sonar las alarmas de nuevo sobre lo que ocurre en la capital del Valle. Y despertaron los consabidos consejos de seguridad acompañados de las explicaciones de la Policía, expresando que en su mayor parte se debían a asuntos relacionados con el narcotráfico y el ajuste de cuentas.

Salieron entonces más informaciones. Declaraciones del Vicepresidente de la República, amplio conocedor de la materia, alertan sobre el regreso de 25 narcotraficantes extraditados. Según el general Óscar Naranjo, esos personajes tratan de recuperar a sangre y fuego sus propiedades en manos de testaferros, o de reasumir el negocio y el poder que perdieron por su estadía en los Estados Unidos.

Luego, y como ha ocurrido antes, se produjo el envío por tiempo limitado de cuerpos élites para combatir las organizaciones que se mueven a la luz pública. Pero nada se adelanta sobre la acción de la Justicia para evitar que la impunidad, la ausencia de procesos contra esos extraditados que regresan, y medidas como la casa por cárcel, sigan siendo aliados de la criminalidad que azota a Cali.

Así quedan en el aire los esfuerzos de las autoridades municipales por rebajar los problemas sociales que nacen ante todo del desplazamiento ocasionado por la violencia en el suroccidente colombiano. Y todo se queda en declaraciones, a la espera del olvido que produce la indiferencia ante lo que es una tragedia real.

A pesar de que se nos envían más policías, lo cierto es que Cali parece estar sola ante la amenaza del narcotráfico. Y así como se demoraron cinco años en reconstruir el Comando de Policía y casi diez para reparar el Palacio de Justicia, ambos volados por el terrorismo, ahora es incierta la posibilidad de tener una sede decente para la Fiscalía General de la Nación.

Más grave aún, es que no existen los fiscales, jueces o cárceles para enfrentar la amenaza que todos en el Estado conocen. La disculpa es la falta de presupuesto, así la muerte se tome las calles como ocurrió los fines de semana citados.

Y queda un elemento, la aparente indiferencia a la que se ha llegado ante la muerte que causan la delincuencia, la intolerancia y las conductas antisociales. Es como si nuestra sociedad se hubiera acostumbrado a esa estadística del horror, o como si hubiera perdido su capacidad de asombro ante el aterrador espectáculo.

Pues bien, ya es hora de decir basta. De hacer que los caleños salgan a protestar contra el homicidio que asalta en las calles de su ciudad y contra la forma en que sus problemas son tratados por el Estado. Lo contrario es darse por vencido.

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