La confianza pública

La confianza pública

Septiembre 16, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Como ocurrió cuando las pirámides, o en el descalabro de Interbolsa que todavía no acaba de tocar fondo, el Estado obró cuando ya no había nada que hacer. Y quienes promovieron esas ‘tumbadas’ con las libranzashan gozado de innumerables garantías para evadir el peso de la justicia, la justa sanción a sus delitos y la indemnización que les deben a sus víctimas".

Cuando se descubrió el fraude cometido por las pirámides de DMG y de decenas de estafas parecidas en todo el país, la alarma cundió y fueron muchos los damnificados por la coincidencia de las ofertas de utilidades enormes, la falta de control y la ambición del enriquecimiento rápido.Ahora, los descubrimientos sobre la ruptura del hasta no hace mucho próspero negocio montado alrededor de los créditos de libranza, indican que poco se ha aprendido en la tarea de evitar el fraude a la confianza pública que acarrea detrimentos billonarios del ahorro nacional. Los beneficiarios de las maniobras sacaron ya su tajada, dejándoles a los depositarios y compradores de papeles sin respaldo la no despreciable cifra de tres billones de pesos en pérdidas, según estimativo de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras.Por supuesto, el escándalo no debe tocar a los más de treinta billones que existen en el sistema financiero debidamente controlado, respaldados en las libranzas, forma de crédito sana que se otorga con base en el descuento directo de las nóminas de los deudores. Lo que se ha producido es el crecimiento inusitado de sistemas que ofreciendo rentabilidades tentadoras, atrajeron a miles de inversionistas grandes, medianos y pequeños. Todos ellos, empezando por bancos internacionales y en muchísimo menor proporción nacionales, cayeron en la trampa que les tendieron.Fue un mecanismo bien elaborado y mejor ejecutado. A partir de crear cooperativas fantasmas que emitían pagares de libranzas en muchos casos inexistentes, las empresas fueron montadas para atrapar a los ahorradores e inversionistas sedientos de rentabilidades que superaban por amplios márgenes la de los productos ofrecidos en los mercados institucionales. Y, según se ha descubierto, en muchos casos esas operaciones se vendieron hasta cuatro veces.Se asaltó así la buena fe de los ahorradores. Pero también resurgieron las dudas sobre la demora de las instituciones de control en intervenir y alertar sobre la anormalidad de esos negocios deslumbrantes. Como ocurrió cuando las pirámides, o en el descalabro de Interbolsa que todavía no acaba de tocar fondo, el Estado obró cuando ya no había nada que hacer. Y quienes promovieron esas ‘tumbadas’ han gozado de innumerables garantías para evadir el peso de la Justicia, la justa sanción a sus delitos y la indemnización que les deben a sus víctimas.Ahora vuelven a anunciarse controles más rigurosos, a pesar de que el Estado tiene atribuciones casi ilimitadas para ejercer sus funciones primarias, la de estar alerta para evitar que sean defraudados los depositantes, así sean de aquellos que buscan el enriquecimiento instantáneo que les ofrecen los vendedores de ilusiones falsas, y la de defender la confianza en el sistema de ahorros.El resultado es una pérdida de recursos enorme que además no podrán ser orientados hacia la generación de riqueza en Colombia. Y se lesionará la credibilidad en las instituciones serias que cumplen las normas y trabajan por muchos años en ganarse la confianza de sus clientes.

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