La condena de ‘El Chapo’

La condena de ‘El Chapo’

Julio 18, 2019 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Cadena perpetua de prisión más 30 años fue la sentencia que la Justicia de los Estados Unidos le impuso a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa, siniestra organización criminal. Es el castigo ejemplar a quien sembró de sangre y destrucción a su país, y quien construyó un pulpo cuyos tentáculos se han extendido y se sienten en Colombia.

La condena es más que merecida. Desde los 15 años Guzmán se dedicó al delito, escaló en el mundo de la criminalidad a punta de violencia y audacia. Fue capaz de desafiar al Estado mexicano, de aprovechar sus dificultades para perseguirlo y castigarlo y de comprar conciencias para conseguir la impunidad.

Aunque con final distinto, su trayectoria es similar a la del tenebroso Pablo Escobar Gaviria que sembró de horror a Colombia. Como el mexicano, el capo de aquí aprovechó la confusión y la debilidad del Estado para imponer la ley, usó la combinación de muerte y corrupción para asegurar su impunidad y se escapó cuando quiso de la prisión que le impusieron, antes de que las autoridades terminaran su aventura criminal.

La diferencia estuvo en que ‘El Chapo’ fue extraditado a los Estados Unidos. Pero antes montó un imperio que para algunos fue motivo de admiración a pesar de ser construido en la muerte de miles de personas y aún sigue basado en los métodos más aberrantes para causar miedo, mientras se enriquece con el narcotráfico y las organizaciones internacionales que lavan sus riquezas siguen haciendo su negocio, al parecer sin posibilidades de que los Estados puedan impedirlo.

Como les ocurrió a los hermanos Rodríguez Orejuela, jefes del cartel de Cali, a esa extradición le siguió un juicio en el cual se conoció gran parte de sus crímenes. Y una condena que lo llevará a la prisión más segura donde tendrá restricciones severas y el aislamiento lo apartará hasta de su familia. La diferencia con Escobar, es que éste terminó muerto luego de haber originado una de las oleadas más grandes de terrorismo contra sus rivales, contra las autoridades y contra inocentes.

En una sociedad civilizada, esas conductas no pueden causar jamás la admiración. No obstante, trayectorias como la del mexicano o la de los capos colombianos son con frecuencia llevadas al cine o a la literatura, generando grandes utilidades a partir de la explotación del morbo por conocer hasta el último detalle de quienes usaron su inteligencia para causar daño, para asesinar y enriquecerse con las drogas ilícitas.

Así como la muerte de Escobar, la condena a Guzmán debería demostrar que el crimen nunca paga. Sus incalculables fortunas no les sirvieron para evitar el final que recibieron. Y el poder que acumularon con su capacidad de hacer el mal se diluyó en medio de las traiciones y delaciones de sus compinches que querían quedarse con sus negocios y de sus socios que también podían ser, o fueron, víctimas de ‘El Chapo’ o de Escobar.

Pero el cartel de Sinaloa sigue y ronda también en Colombia, causando violencia y explotando el narcotráfico, el gran enemigo de la paz y la concordia en nuestro país.

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