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La caída del Perú

Noviembre 15, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Otro presidente, el segundo en seis días y el cuarto en menos de cuatro años, tendrá el Perú. Esta vez, la indignación ciudadana contra la manipulación de su clase política representada en el Congreso y la reacción contra la protesta, defenestraron a quien representaba solo el consenso de los partidos.

Los últimos días sirvieron para que los peruanos salieran a la calle a expresar su rechazo por lo que han hecho los dirigentes políticos con el poder en su país, al destituir a Martín Vizcarra por “incapacidad moral”. Su salida se produjo luego de demostrar su independencia frente a lo que estaba sucediendo con la política de su país y su llamado a un cambio tanto en el legislativo como en las instituciones, para devolverles su credibilidad.

Eso generó la reacción furiosa de los partidos que encontraron la disculpa en una acusación contra Vizcarra cuando era gobernador de la provincia de Moquegua, la cual usaron para declarar su indignidad sin esperar siquiera la acusación formal de la Justicia. Fue el argumento perfecto para imponer a Manuel Merino, presidente del Congreso y claro representante de ese clientelismo, quien no demoró en conformar un gobierno con representantes de todas las corrientes partidistas que lo apoyaron y en proclamar la unión del Perú.

Pero no existe tal unión. Por el contrario, aparecieron manifestaciones contra el abuso que se cometió contra Vizcarra y la grotesca manera de manipular las instituciones de parte de los partidos. En menos de tres días la protesta fue creciendo, reflejo inequívoco de la indignación contra una clase política que manosea la Constitución y usa el Congreso para mantener su control del Gobierno cuando se opone a sus intereses.

Hasta que la oposición fue respondida con represión y se produjeron dos muertes el pasado sábado. Entonces, esos partidos que subieron a Merino lo dejaron solo, el gabinete renunció y su gobierno cayó en forma aparatosa, demostrando que él era apenas el producto de una negociación sin ningún respaldo en el pueblo peruano. Por ello, el presidente designado por el Congreso debió renunciar cinco días después de posesionarse y a solo tres de haber constituido su efímero mandato.

Ahora, el Perú se encuentra en el limbo, a la espera de que sus congresistas nombren el reemplazo de Merino. Pero está claro que el pueblo no respaldará la movida, y que el riesgo de que la protesta tome otras dimensiones es real. Es la reacción contra décadas de abusos del poder que llevaron a la destitución de cuatro presidentes elegidos y de dos más designados por el Congreso en una feria de ambiciones de poder y de resistencia contra la transformación política que demanda su nación.

Como está sucediendo en varios países de Suramérica, el Perú reclama un cambio que lo libere de la corrupción, el clientelismo y la imposibilidad de superar los vicios que ahogan sus instituciones. Ojalá, los peruanos encuentren de manera pacífica el modo de impedir el caos que se origina en una política caduca y profesionalizada, donde el servicio público se orienta sólo por los intereses personales de quienes la ejercen.

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