La amenaza es real

Noviembre 15, 2017 - 11:55 p. m. 2017-11-15 Por:
Elpais.com.co

Cali no está acostumbrada a recibir aguaceros que duren 10 horas como el que se presentó el pasado martes. Son fenómenos extremos que serán cada vez más frecuentes debido al cambio climático, por lo que la ciudad y el Valle deben prepararse a conciencia para evitar que se conviertan en tragedias.

El agua que cayó entre la tarde del martes y la madrugada del miércoles equivale a la lluvia que recibe la capital vallecaucana en poco menos de un mes, situación que provocó deslizamientos en las laderas e inundaciones sobre todo en el sur de la ciudad. Bajo igual riesgo se encuentra el resto del departamento, donde se han emitido alertas ante posibles desbordamientos de ríos como Dagua, Escalerete, Pance y se han prendido las alarmas en poblaciones como Florida, donde el invierno que según los pronósticos durará al menos otro mes, ya causa estragos.

Esa intensidad cada vez mayor con la que llegan las temporadas de lluvias obliga a tomar las medidas necesarias para prevenir cualquier desastre. Si bien el aguacero de esta semana en Cali sólo dejó embotellamientos de tránsito y calles anegadas, se sabe que hay sectores inestables como las zonas de ladera invadidas sin ningún control o los asentamientos a orillas del río Cauca donde se vive en vilo cada vez que se presenta un temporal fuerte. Es el mismo peligro que se cierne sobre la mayoría de municipios del Valle y que demanda una mayor protección.

Los efectos del cambio climático son innegables y se prevé que de aquí en adelante los inviernos serán cada vez más inclementes y los veranos llegarán con temperaturas más altas. Ante esos riesgos, la obligación es prepararse para hacerles frente a los peligros que pueden amenazar a la población. Por eso es necesario contar con mapas de riesgo que determinen con precisión dónde están esas zonas vulnerables y guíen las acciones que se necesiten.

Cali, por ejemplo, no puede permitir más invasiones como las que existen en Siloé, Terrón Colorado o Altos de Menga. Allí se está incubando lo que puede ser una tragedia de grandes proporciones para sus moradores. Y debe mantenerse firme en su resolución de evacuar el jarillón del río Cauca como lo viene haciendo, gracias a lo cual ya ha sido posible avanzar en el mantenimiento y el reforzamiento de varios kilómetros del dique que protege a la ciudad de una inundación que afectaría al menos al 70% de su población.

De la misma manera se espera que actúen los alcaldes en el Valle. Además del acompañamiento que debe hacerles la Administración Departamental, ellos tienen el deber de activar sus comités de prevención y atención de riesgos tal como lo dispone la ley. Con todo y las limitaciones que puedan tener, es imperativo evacuar las zonas vulnerables e impedir que en ellas se sigan levantando asentamientos.

Las acciones que emprendan los gobiernos así como la colaboración de los ciudadanos que están llamados a atender las recomendaciones, entre ellas la de evitar que sus basuras obstruyan los canales de aguas, serán decisivas para reducir la posibilidad de que la región sea terreno abonado para la tragedia.

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