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La Amazonía y el futuro

Octubre 16, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

El problema no es solo que año tras año se repita la tragedia de los incendios forestales en la Amazonía. Lo más grave es que cada vez se presenta peor y los daños son irreparables porque la naturaleza no cuenta con la capacidad de recuperarse, ni quienes tienen el deber de protegerla hacen lo que se les ha encomendado.

Una semana atrás Bolivia fue declarada en estado de desastre nacional luego de reportar 2,8 millones de hectáreas arrasadas por el fuego en este 2020 y tener en máxima alerta a cinco de sus provincias. En su vecina Brasil la situación es aun peor como lo demuestran los 86.140 puntos de incendios detectados entre enero y octubre en toda la región amazónica, mientras que en el Pantanal, considerado el mayor humedal del planeta y uno de los de más biodiversos de América Latina, hoy hay prendidos 2536 focos en llamas, la más alta cantidad en dos décadas.

Lo que sucede en la Amazonía es resultado y al mismo tiempo reflejo de lo que pasa en el mundo y que más debería preocupar a la humanidad:
una mezcla de efectos del cambio climático, de falta de acciones de los responsables en cada país y de indiferencia de la población global. Los incendios, que hoy afectan a países como Brasil, Bolivia y Perú, sin que Colombia quede por fuera de la ecuación, son causados por la mano del hombre, en tiempos en que se presentan las peores sequías debido a la falta de lluvias y al aumento de las temperaturas globales.

Como no hay causa sin efecto, todo se convierte en un círculo sin fin porque las precipitaciones no llegan al sur del continente como es usual debido a que han disminuido los llamados ríos aéreos, que se forman por la condensación de aguas del Atlántico y son arrastrados por miles de kilómetros gracias a los vientos húmedos amazónicos. La deforestación y los incendios forestales, cada año más graves, han disminuido esa capacidad, entonces los tiempos de sequía son más prolongados, lo que alimenta los focos de fuego y las tragedias que ellos causan. Una noria sin solución a la vista.

Los millones de hectáreas arrasadas en la Amazonía son apenas uno de los desastres que sufre el Planeta y tienen relación directa con el cambio climático. La ONU da cuenta de cómo han aumentado las amenazas naturales, que podrían prevenirse o menguar sus efectos sobre la población si se disminuyeran por ejemplo las emisiones de gases de efecto invernadero y se tuvieran sistemas efectivos de alertas tempranas. En 20 años se han producido 7348 grandes catástrofes por tormentas, inundaciones, sequías o incendios, que ocasionaron 1,23 millones de muertes, afectaron a 4200 millones de personas y dejaron pérdidas por 2,97 billones de dólares.

Que cada año debido a los incendios forestales se pierdan seis o siete millones de hectáreas de selva amazónica y se arrase con la vida y la biodiversidad que albergan, tiene un efecto funesto sobre el planeta. Por ello la respuesta frente a tal tragedia debe ser global y comienza porque la humanidad asuma la responsabilidad de no estar haciendo lo necesario para minimizar las causas del cambio climático y tome al fin las riendas que permitan garantizar su futuro.

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