La alerta roja

Diciembre 15, 2020 - 11:55 p. m. 2020-12-15 Por: Editorial .

Ante el incremento que se presenta en el número de contagios y de muertes, los gobiernos de Cali y el Valle debieron tomar la decisión de decretar la alerta roja en el sistema de salud. Es la misma que debió aplicarse para detener lo que a las claras fue un relajamiento de las medidas de protección, que se multiplicó por la falta de conciencia sobre el peligro que está en las calles aunque no sea visible.

Ocupación hasta del 90,7% de las Unidades de Cuidados Intensivos, 68,4% de la cual es causada por enfermos graves del Covid-19; un promedio de decesos que ha sumado hasta 21 por día, cifras que se registraron en agosto pasado, cuando llegó la parte más crítica de la pandemia en la ciudad; y lo más grave, un factor de multiplicación de 1,13, lo que, en palabras de la Secretaria de Salud de Cali quiere decir que “de cada 10 personas infectadas, se están contagiando 11 personas nuevas más”.

Según la doctora Miyerlandi Torres, “no estamos controlando la pandemia”. Para mayor exactitud puede decirse que se abandonaron las medidas que, aunque drásticas, en un principio dieron resultados en defensa de la salud y la vida de caleños y vallecaucanos sin establecer mecanismos ágiles de vigilancia para impedir que la apertura fuera interpretada como el regreso a la ausencia de restricciones.

Sin duda hubo buena intención al permitir ese regreso a la actividad, justificado en el impacto que tuvo el aislamiento en la sociedad y en su economía. Había que tomar decisiones para reactivar los sectores productivos y de servicios. Pero no se perseveró en la obligación de contener aglomeraciones y movilizaciones que podrían causar un rebrote del contagio, además de que se insistió en permitir la realización de eventos en los cuales el consumo de licor impulsa el desconocimiento de las medidas creadas para proteger a la sociedad.

También es claro que el hecho de que gran parte de los contagiados, cerca del 80%, no presentan síntomas, se convirtió en disculpa para no tomarse las pruebas o para actuar de manera desprevenida, a sabiendas de que son portadores del coronavirus y pueden causar un aumento en el número de enfermos graves. Las consecuencias están a la vista y pueden ser peores si se insiste en tener un fin de año festivo como si nada ocurriera.

Hoy empiezan a aplicarse las rectificaciones que han dispuesto las administraciones departamental y municipal, que incluyen el regreso de medidas como el toque de queda y la ley seca a partir de las diez de la noche de acuerdo con lo establecido por el Gobierno Nacional. Y se espera que se tomen decisiones para evitar que las tradicionales congestiones de diciembre en el centro de la capital vallecaucana sean epicentro de un contagio inmanejable y con consecuencias gravísimas.

Pero también es cierto que sin la conciencia ciudadana sobre lo que está ocurriendo y la necesidad de respetar las medidas preventivas, será imposible detener la amenaza que ha obligado a declarar la alerta roja. Ojalá, la experiencia sirva para entender que la protección contra el Covid-19 es un asunto serio y de cada uno de los caleños y vallecaucanos.

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