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Integración y oportunidades

Enero 14, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Colombia ha acogido con solidaridad a un millón y medio de venezolanos que han llegado al país huyendo del desastre humanitario causado por la dictadura en su Nación. El cambio se ha ido asimilando pero cada día plantea retos que se deben enfrentar y solucionar de la mejor manera.

Cali es ejemplo de lo que sucede con la migración venezolana. Es ciudad de paso para la diáspora que se dirige al sur del continente en busca de oportunidades, y a la vez es centro de recepción de miles de personas que se quedan porque en la capital del Valle se sienten como en casa. Los datos oficiales hablan de 58.000 inmigrantes, aunque la cifra se queda corta si se suma a quienes se han asentado de manera permanente, a los que regresan de naciones como Ecuador, Perú y Chile con la frustración a cuestas y a las nuevas oleadas que llegan a diario.

El efecto se siente en toda la ciudad y tiene connotaciones sociales, económicas y de seguridad. Por ejemplo la invasión al espacio público que se ha tornado incontrolable en cercanías a la Terminal de Trasporte, en las riberas del río Cali y en el separador de las calles 25 y 26. O la demanda de empleo de los nuevos habitantes, más la urgencia de atender a la población en cuanto a salud, educación y sus necesidades básicas.

Al no tener clara su situación, gran parte de ellos está en condiciones de vulnerabilidad, en muchas ocasiones los explotan, le pagan menos por su trabajo o son reclutados por mafias dedicadas a toda clase de actos ilícitos o a la prostitución. Dadas sus limitaciones se ven impulsados hacia la mendicidad, a limpiar vidrios o vender dulces en los semáforos, con un ingrediente adicional: la explotación de niños. Ese, que es un delito en Colombia, se está presentando con frecuencia en las calles de la ciudad.

La situación es grave para quienes la viven y para la capital del Valle. La situación de pobreza en la que se encuentran genera situaciones como las invasiones al espacio público, problemas de seguridad para la ciudad y rechazo. Hace un año se hizo el desalojo de 450 personas en el corredor de la Calle 25 y otra vez hay cientos de venezolanos en el lugar; ahora la Alcaldía anuncia una nueva reubicación y garantías para quienes sean trasladados.

Esa es sólo una respuesta parcial, lo que se necesitan son soluciones definitivas. A los migrantes de Venezuela hay que acogerlos y enseñarles a convivir con la comunidad caleña; a sus niños hay que protegerlos así como educar a los padres para que conozcan las leyes del país para que las respeten y brindarles oportunidades para que les den una mejor forma de vida a sus hijos; por supuesto a quienes delinquen hay que perseguirlos.

Todo indica que la situación de Venezuela no se resolverá en breve plazo por lo cual hay que prepararse. Lo que no hay cabida es para la xenofobia y se requiere integrar a quienes están aquí por necesidad para que no sean motivo de conflicto y logren asimilarse a la sociedad. La migración venezolana es una realidad, así hay que asumirlo y encontrar las soluciones que demanda el mayor movimiento migratorio de América.

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