Fin a la insensatez

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Fin a la insensatez

Marzo 31, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Ante los abrumadores hechos desencadenados por la llegada del Covid-19, al Eln no le ha quedado camino distinto que declarar el cese de sus hostilidades y liberar a algunos de los secuestrados en su poder. Es el momento para volver a plantear una negociación generosa y creíble que ponga punto final a una violencia insensata y fratricida.

Los momentos difíciles que está atravesando la Nación también han sido una oportunidad única para mirar las cosas de otra manera. Se ve por ejemplo la inutilidad de esa guerra que plantean quienes durante más de cincuenta años han insistido inútilmente en las armas para forzar lo imposible.

Y se ve también que esa violencia es estéril e inconducente, y que lo que se necesita es la solidaridad para que los colombianos puedan superar esta etapa compleja. Por eso, los anuncios del Eln y las liberaciones de tres personas sin que se haya requerido un debate mediático o las exigencias, pueden ser demostración de lo que se puede hacer para reconstruir el camino que reclama nuestra Nación.

Esos gestos coinciden con la decisión del Gobierno Nacional de nombrar a ‘Francisco Galán’ y ‘Felipe Torres’ como promotores de paz. Exintegrantes del Eln, ellos conocen las verdades y realidades de un grupo que no parece tener salida de la guerra en la cual se comprometieron por razones políticas y hoy apenas es una fachada que oculta una relación cada vez más notoria con el narcotráfico y otras formas de violencia común.

Ellos, los colombianos y la comunidad internacional saben a ciencia cierta que en esa actitud no hay futuro posible, y que, además, la pandemia cambió para siempre la realidad y requiere del esfuerzo conjunto y permanente para superar la crisis en la cual está cayendo nuestra sociedad, en vez de profundizar esa actitud sangrienta que aísla aún más a los integrantes del Eln de la sociedad colombiana.

¿Por qué no arriesgarse a cambiar la forma de pensar y a encontrar una manera de reintegrarse a la sociedad y al debate nacional? Ya el Gobierno ha dado muestras de buscar la manera para establecer, o restablecer si es del caso, el diálogo que lleve a los resultados que están esperando los colombianos.

Por supuesto, ese diálogo será posible siempre que se abandone el terrorismo, y que se produzcan las manifestaciones y gestos que aseguren la seriedad de los propósitos del Eln. Sus dirigentes deben entender que ya no caben las dilaciones a las que se han acostumbrado ni a las exigencias que no conducen al logro del objetivo de una negociación.

De nuevo, hay que recordar los dramáticos y definitivos cambios que trajo consigo la llegada de la pandemia y sus profundas consecuencias para el mundo y en especial para Colombia. Bien entendido el momento, es la oportunidad para que el Eln recapacite y encuentre la forma de cesar el terror y ayudar a la Nación a reconstruir su futuro.

Es el momento para dejar a un lado la insensatez de la violencia fratricida, y de ayudar a los colombianos que hoy más que nunca lo necesitan. Lo contrario, es ahondar las razones de rechazo y censura que ha recibido el Eln a través de su historia.

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