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Estadísticas de horror

Septiembre 28, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Más de cien asesinatos en Cali durante el mes de septiembre, terror en Tumaco ante la confrontación de dos grupos de narcotráfico que se disputan palmo a palmo las áreas de cultivos ilícitos y el dominio de la población, y el miedo que siembran en Quibdó los enfrentamientos entre bandas criminales. Es la triste historia de una violencia que golpea la provincia y reclama las transformaciones necesarias para detener la tragedia que producen.

Quienes llevan las estadísticas afirman que en Colombia se han cometido sesenta y cuatro masacres desde el primero de enero del 2020. Una cifra de por sí estremecedora que muy posiblemente no tiene en cuenta las continuas vendettas entre organizaciones delincuenciales dedicadas en su mayor parte al narcotráfico, el combustible que alimenta lo que puede calificarse como una confrontación fratricida en la cual el Estado parece impotente para impedirla o siquiera detenerla.

Y no puede decirse que ella es producto de la mala gestión del Gobierno Nacional, ni puede ser usada para calificarlo de genocida como algunos lo hacen para aprovechar la mezcla de confusión e indignación que esas estadísticas producen. Lo que sí está claro, es que nuestro Estado parece incapaz de cubrir todo el territorio nacional para garantizar la vida, honra y bienes de cada colombiano como lo ordena la Constitución Nacional.

A la vez que azota de manera sistemática a ciudades como Cali, esa violencia está destruyendo de nuevo a la región colombiana, de la mano de quienes se disputan el control de la industria del crimen que acaba con el medio ambiente, deprecia la vida humana y siembra de miedo y sangre al país. Es a ese enemigo al que hay que combatir sin ninguna duda, para empezar a resolver la crisis que padece la provincia colombiana.

Escuchar a la alcaldesa de Tumaco sobre lo que está ocurriendo en su municipio y la matanza allí de seis personas en los últimos días es indispensable para formarse una idea de lo que acontece: “La presencia de cultivos ilícitos es lo que atrae también a personas de otros territorios. Uno llega a esas comunidades indígenas y encuentra que gran parte de la población que hoy vive allí no es del territorio. Son personas que han llegado de otros departamentos”, dijo la señora Emilsen Angulo a la emisora la FM.

Ese es el otro aspecto de una misma realidad, la presencia de organizaciones criminales que mueven sus integrantes como fichas de un juego macabro con las cuales matan a sus contrincantes allí o en Quibdó o en Cali, a la vez que siembran el miedo para lograr silencios de la población. Infortunadamente, nada de eso es nuevo y lo que está sucediendo es el recrudecimiento de sus acciones.

Eso es lo que Colombia no puede aceptar y contra lo cual debe unirse para derrotar al verdadero enemigo de su futuro. Ante las estadísticas de horror, hay que reaccionar y tomar las medidas que sean necesarias para desterrar a los violentos y acabar con la industria de muerte y terror, con las masacres y los asesinatos promovidos ya sea con ánimo de lucro o con razones que no pueden ser consideradas como políticas.

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