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Entre el diálogo y la violencia

Octubre 13, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Como era de esperarse, desde que el gobierno de Lenín Moreno aplicó las medidas para contener la crisis fiscal que atraviesa Ecuador, era de esperar que se presentaran protestas. Once días después, la alarma cunde entre los ecuatorianos, y el diálogo con los protagonistas de las movilizaciones se inicia mientras estos se desmarcan y rechazan la violencia que se tomó a Quito.

Incendios, atentados, agresiones a las comunidades, la aún inexplicada toma de la Contraloría Nacional y la siembra del caos que ocurrió el sábado pasado, obligaron al presidente Moreno a decretar el toque de queda en la capital de su país. Y al otro lado, los dirigentes indígenas rechazaron la barbarie, se desmarcaron de sus autores y afirmaron que el correísmo, como se conoce a los seguidores del expresidente Rafael Correa, son los autores de los hechos violentos.

Así toma cuerpo la acusación contra quien aprovechó la protesta para exigir la renuncia de su sucesor en la presidencia de Ecuador y el llamado a elecciones, en las cuales piensa recuperar el poder. Por lo pronto, él y sus cercanos colaboradores deberán responder por las asonadas, además de enfrentar la justicia por los más de diez cargos por corrupción que lo procesan, los cuales están en la Contraloría que incendiaron el pasado sábado.

A parte de eso, el país vecino vive un momento difícil por la quiebra fiscal y las drásticas medidas que ha tomado el Gobierno para tratar de resolverlo. De ahí la protesta social encabezada por los poderosos movimientos indígenas que han movilizado hacia Quito sus comunidades, lo que llevó al presidente Moreno a convocar el diálogo que se inició ayer.

Será un diálogo público donde se podrán conocer los puntos de vista de quienes discrepan y rechazan lo que sin duda es un ajuste drástico que elimina subsidios a los combustibles y produce cambios importantes en el sistema tributario. Pero debe ser un diálogo civilizado en el cual no se haga presente lo que sin duda es un intento por sembrar el caos aprovechando la movilización social.

Es de esperar entonces que de allí salgan acuerdos para enfrentar los problemas que padece Ecuador por el despilfarro y el populismo con los que gobernó Correa, y que ahora pasan la factura al pueblo ecuatoriano. Fueron diez años en los cuales se recibieron veinte mil millones de dólares, a pesar de lo cual, el socialismo Siglo XXI dejó las arcas vacías y decenas de escándalos de corrupción.

El diálogo sincero que lleve a decisiones transparentes, es la alternativa para resolver los problemas en el país vecino y en todos los que han abrazado la democracia como sistema de gobierno. Ojalá la decisión que ha tomado el presidente Moreno y la respuesta de las comunidades indígenas sirvan para aclarar la situación de su país y evitar las inútiles confrontaciones.

Lo contrario, la violencia que asalta a Quito o que infiltra las marchas estudiantiles en Colombia causando desconcierto, así como aquella que expulsa a millones de venezolanos de su país, es la expresión del totalitarismo que ha pretendido tomarse a Latinoamérica, ahora a sangre y fuego.

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