En el límite

En el límite

Septiembre 03, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Como si no quisiera, Vladimir Putin está metiendo la mano cada vez más fuerte en Ucrania. Y mientras tanto, Europa, o la Organización del Tratado del Atlántico Norte, se esfuerza en mostrar enojo y presionar con sanciones económicas, procurando detener lo que a la vista es la intención de Rusia de recuperar mediante la fuerza militar lo que considera sus territorios".

Como si no quisiera, Vladimir Putin está metiendo la mano cada vez más fuerte en Ucrania. Y mientras tanto, Europa, o la Organización del Tratado del Atlántico Norte, se esfuerza en mostrar enojo y presionar con sanciones económicas, procurando detener lo que a la vista es la intención de Rusia de recuperar mediante la fuerza militar lo que considera sus territorios. Y no son sólo terrenos que pertenecen a Ucrania. Lo que le interesa a Putin es ante todo su valor estratégico en materia militar, además de su importancia para presionar a Europa con el gas que le suministra. Allí está el meollo del asunto, el que lo llevó a anexarse a Crimea, de gran valor para la movilización de la flota rusa en el mar Negro, y sin interesarle que existían tratados en los cuales la Antigua Unión Soviética le había reconocido soberanía plena a la que fuera la despensa de Rusia y ahora es de nuevo víctima del nuevo expansionismo.Ahora la situación ha llevado a que las tropas rusas, de manera descarada o camuflada, hayan invadido a su vecino, alegando que apoyan el reclamo de independencia de sus partidarios en Ucrania. Son miles los soldados que han cruzado las fronteras para unirse a las que califican “fuerzas prorrusia”, y grandes los recursos bélicos, como la batería de misiles que abatió el avión de Malaysian Airlines, asesinando a 295 civiles indefensos. Es toda una movilización, que Putin trata como si él no tuviera nada que ver, insinuando soluciones como la creación de un Estado Federal que respete la independencia de sus aliados al interior de Ucrania. Todo ese desastre ha sido presentado como una guerra civil, lo cual no es estrictamente cierto. O como una persecución étnica contra los ucranianos de origen ruso, descendientes de los miles de ciudadanos que fueron desplazados allí en las épocas de la Unión Soviética y de las limpiezas sociales que acostumbraba José Stalin. La verdad es otra: lo que existe es un intento de anexión, que aprovechó la crisis del Estado ucraniano causada entre otros factores por gobernantes prorrusos que quebraron al país y trataron por todos los medios de impedir lo que pedía su pueblo, la integración de su nación a Europa y a la Otán.Por culpa de ello, el mundo presencia una guerra que deja miles de muertos y decenas de ciudades destruidas. Y ya los países como Estonia reclaman la intervención de la Otán. La respuesta ha sido la creación de una fuerza de acción inmediata que significa la presencia armada en sus aliados del este europeo, lo cual debe ser ratificado en la cumbre que en próximos días se celebrará en Gales, además del posible despliegue de lo que el presidente Barack Obama llama “un escudo de armas nucleares” por parte de los Estados Unidos. Por ello se ha producido la reacción rusa, que tiene cualquier ingrediente menos una señal de apaciguamiento de la tensión creciente en Ucrania. Es la zozobra que crece, amenazando con producir una confrontación de características indescriptibles. Una guerra ya no fría sino caliente, donde Rusia medirá sus fuerzas con Occidente si no aparece la diplomacia para impedirlo.

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