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En el filo de la navaja

Octubre 21, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Un año después de que Evo Morales intentara un fraude para reelegirse por cuarta vez en la Presidencia de Bolivia, su ministro de Economía, Luis Arce, ganó por amplia mayoría las elecciones. Lo que debe hacer, además de ejercer el cargo y sus prebendas, es recomponer la democracia, procurar la reconciliación y empezar la reconstrucción de su país, golpeado en forma grave por la confrontación política, la pandemia universal y los errores que han cometido sus dirigentes.

Escrutado el 88,6% de las actas electorales, el Movimiento al Socialismo fundado por Evo recibió el 54,5% de los votos frente al 29,3% de su mayor opositor y antes rival de Morales en la intentona de fraude de un año atrás, Carlos Mesa, del partido CC y el 14,1% del partido Podemos representado por Luis Fernando Camacho. Todo indica entonces que el nuevo presidente es Arce, pues la división entre sus opositores impide reducir la diferencia a menos del 10% de los votos válidos, lo que obligaría a realizar una segunda vuelta.

Si no se producen hechos extraordinarios, con el triunfo del MAS se protocoliza el regreso al poder del partido que gobernó durante 16 años a Bolivia bajo el control absoluto del líder cocalero que pretendió quedarse en la Presidencia sin respetar las elecciones que se realizaron hace un año. Producto de ello se desencadenó una reacción que terminó con su renuncia, su exilio y múltiples confrontaciones en todo el país que dejaron muertos, destrucción y rencores.

Durante ese año, la crisis institucional fue casi que imposible de detener, y no se hicieron esperar las denuncias y los pronunciamientos de la Justicia, mientras crecía la confrontación entre bolivianos, los paros para presionar el regreso de Evo y las realizaciones por razones políticas. A ello se sumó la discutible gestión de la presidenta Jeanine Áñez, quien además pretendió quedarse en el poder participando en las elecciones que tuvieron lugar el pasado domingo.

La gran inquietud que queda es si el resultado, sin duda amplio y terminante, significará el regreso de Evo Morales y las retaliaciones contra sus opositores o contra quienes ejercieron el gobierno en los últimos doce meses o contra aquellos que se opusieron a su obsesión por quedarse de manera indefinida con la Presidencia de Bolivia. De lo que hagan sus copartidarios y seguidores dependerá en gran parte la convivencia y la paz entre los bolivianos.

El nuevo Presidente tiene una larga hoja de vida como funcionario. Trece años al mando del Ministerio de Hacienda le ganaron la reputación de haber sido el autor del milagro económico de Bolivia, basado sin duda en la bonanza que experimentaron los combustibles en esa época. Ahora, como mandatario de todos los bolivianos tiene el deber de reconciliar a su país y de impedir que se convierta de nuevo en el reducto donde su antiguo jefe y sus partido aumenten las razones de conflicto que se han vivido en los últimos años.

Por lo pronto, hay que reconocer la voluntad de respetar la democracia en Bolivia de parte de sus autoridades, y esperar a que su nuevo Presidente lo lleve a la reconciliación que necesita con urgencia.

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