El tesoro que se llevan

Febrero 27, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-27 Por:
Elpais.com.co

"Mientras las decisiones sobre la provincia se tomen bajo la perspectiva del Estado central en Bogotá, es improbable que se incentive una industria pesquera capaz de explotar nuestra riqueza. Y que se rompa el cinturón de miseria que asfixia a sus habitantes".

Las riquezas naturales que albergan las aguas del Pacífico colombiano son un botín preciado para los extranjeros. Ellos son quienes aprovechan esos recursos y se llevan un tesoro que debería, además de estar protegido, ser la redención para la población más pobre y abandonada del país.El lunes la Armada Nacional retuvo cerca a la isla de Malpelo una embarcación de bandera costarricense con tonelada y media de pesca ilegal. En sus bodegas hallaron tiburones, atún y otras especies de peces apetecidos por su carne. Cinco días antes, el 17 de febrero, otro barco, esta vez con tripulación ecuatoriana, fue detenido en aguas nariñenses con 1,8 toneladas de atún que iba a ser comercializado en la provincia de Esmeraldas, en la nación vecina.La historia se repite cada semana; sólo cambia la nacionalidad de la embarcación que puede ser panameña, peruana o japonesa. La motivación también varía: la mayoría de veces se pesca para vender la carne, y en otras el objetivo es más perverso: cortar las aletas a los tiburones, que se pagan muy bien en el comercio ilegal, y devolverlos al mar donde mueren tras horas de agonía.Lo grave es que el número de barcos detenidos es ínfimo frente a la cantidad de los que alcanzan el éxito en su empresa de pescar en aguas nacionales, sin que las autoridades se percaten o puedan actuar. Es en esa imposibilidad de ejercer la soberanía sobre el Pacífico, por donde se cuela la pesca ilegal, una actividad tan dañina como la del narcotráfico que lo convirtió en su ruta hacia los Estados Unidos.El deber de la Nación no puede ser otro que defender las 200 millas náuticas que le pertenecen del Océano Pacífico y preservarlas del daño ambiental que ocasiona la pesca ilícita, en especial en Malpelo al que no lo salvan ni sus títulos de Santuario y Patrimonio Natural de la Humanidad. Lo otro importante es reconocer la riqueza que hay en los recursos del Pacífico y cómo se ha perdido la oportunidad de hacer de ellos una industria sostenible, que beneficie a quienes viven en los 1.300 kilómetros de su litoral y los rescate de esa espiral de abandono y pobreza en que la indiferencia los hundió.El problema es que resulta muy difícil ver el mar de posibilidades que representa el Pacífico estando 2.600 metros más cerca de las estrellas, o para más precisión a 2.600 metros del nivel del mar y 513 kilómetros de la ciudad más importante de esa costa. Mientras las decisiones sobre la provincia se tomen bajo la perspectiva del Estado central en Bogotá, es improbable que se incentive una industria pesquera capaz de explotar nuestra riqueza. Y que se rompa el cinturón de miseria que asfixia a sus habitantes.Esa falta de visión, más el abandono, llevaron a que en 25 años se pasara de 420 pesqueros a 75, de los cuales solo zarpan 20 al día. También a que se redujera de 80.000 a 10.000 los empleos y apenas queden 3.000 pescadores artesanales. Mientras nada se haga y la pesca siga destinada a desaparecer, el tesoro que brinda el Pacífico se lo seguirán llevando en los barcos extranjeros, dejando la miseria en el litoral.

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