Escuchar este artículo

El sentido de la Navidad

Diciembre 23, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

“Ante una sociedad frenética, el Belén nos hace dirigir nuestra mirada a Dios, que es pobre de cosas, pero rico de amor, nos invita a invertir en lo importante, no en la cantidad de bienes, sino en la calidad de los afectos”. Estas palabras, pronunciadas por el Papa Francisco el pasado 18 de diciembre, cuando con motivo de su cumpleaños alguien le regaló un Nacimiento, encierran la esencia de la Navidad.

Es aquella que invita a que los hombres y las mujeres del mundo, de Colombia y de nuestra ciudad, tengan la buena voluntad de concebir y llevar a la práctica acciones que propendan por el bienestar de todas las personas y el desarrollo equitativo de las sociedades.

Así mismo, en su mensaje el Pontífice también alude a los principales obstáculos que impiden que esos buenos deseos se traduzcan en la realidad que todos deseamos: en primer lugar, el agitado ritmo de la vida moderna, que sobrepone el afán del hacer y el tener a la necesaria pausa de detenerse a reflexionar sobre el cómo, el por qué y el para qué de las cosas.

Y ahí mismo está contenido el segundo obstáculo: hoy por hoy la urgencia de acumular objetos, además de títulos y reconocimientos, parece haberse convertido en la máxima meta de la existencia humana, muy en contraposición a los nobles sentimientos que sugiere la contemplación de la familia de Belén. La misma que desde hace 2019 años ha inspirado a millones de cristianos de todo el mundo y que justamente en esta época del año parece recobrar su valor en el corazón de niños, ancianos, hombres y mujeres.

Y es justamente allí donde debe centrarse la reflexión, en la urgente necesidad de dejar de ahondar en las diferencias y en el señalamiento de los errores del otro para asumir el real compromiso de una actuación que piensa en el bien común antes que en el propio y que también da cabida a la opinión y al sentir de los demás.

Entonces no harán falta grandes discursos ni elocuentes manifestaciones, sino que el ejemplo, callado y lleno de lecciones como el de Jesús, será la mejor forma de crear conciencia en las demás personas sobre los valores supremos que deben guiar la existencia humana.

Ya no será necesario, en ese caso, hacer proclamas en favor de la vida, porque este derecho estará por encima de todos y de todo. Ni hacer cumbres mundiales para entender los graves problemas que aquejan a la Tierra, porque chicos y grandes sabrán que cuidar la Casa Común, como la ha denominado Francisco, es cuidarse a sí mismo y a los seres queridos.

Así, el llamado es a volver los ojos a la esencia de la Navidad y de las fiestas decembrinas, a rescatar la alegría que significa compartir lo que tenemos y lo que somos con nuestros más cercanos, pero también con aquellos que más lo necesitan y con los que piensan distinto.

No fue otra cosa lo que predicó y practicó el hombre en el que se convirtió el Niño Dios que esta noche volverá a nacer en Belén y en el corazón de todos los que quieran contribuir a hacer de este un mundo un país y una ciudad mejor para todos.

¡FELIZ NAVIDAD!

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS