El momento del cambio

Febrero 24, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-24 Por:
Elpais.com.co

Es decir, debemos acostumbrarnos a la consabida receta de crecer o modificar los impuestos, tanto para conservar la capacidad de inversión del Estado como para disminuir el déficit. Pero también debemos evitar caer en el círculo vicioso de crecer la deuda pública para mantener esos gastos, lo que además de obligar a conseguir financiamiento costoso en el exterior se transforma en una especie de aspiradora que recoge los recursos disponibles para ofrecer créditos al sector productivo

Al ordenar una reducción de seis billones de pesos en el gasto y la inversión presupuestados para el 2016, el presidente Juan Manuel Santos hace reconocimiento oficial de las nuevas circunstancias que atraviesa la economía nacional. Sabiendo que tal esfuerzo no es suficiente, y además de la reforma a los impuestos para tratar de cubrir el déficit que tendrán las finanzas públicas, también es necesario pensar en un cambio en el modelo de desarrollo.El Ministro de Hacienda ha empezado a explicar cuál es la visión que tiene el Gobierno Nacional sobre el momento. Según el doctor Mauricio Cárdenas, el déficit fiscal estimado debe ascender a los 30,6 billones de pesos, equivalente según sus cuentas al 3,6% del Producto Interno Bruto, lo que está dentro de los parámetros de la Regla Fiscal. Una explicación lógica que sin embargo no alcanza a generar la tranquilidad que se requiere.En primer lugar hay que pensar en cómo hará el Gobierno para cubrir el enorme déficit. Ante la caída radical de la renta que hasta hace dos años producían el petróleo y la minería, y en vista de que la respuesta se concentra en el endeudamiento, incrementado ya por la devaluación del 38,87% entre el 1 de enero del 2015 y el 23 de febrero de 2016, era de esperar la reducción del gasto. Pero también es el momento para decidir cómo se incrementarán los ingresos, así sea en un mediano plazo.Es decir, debemos acostumbrarnos a la consabida receta de crecer o modificar los impuestos, tanto para conservar la capacidad de inversión del Estado como para disminuir el déficit. Pero también debemos evitar caer en el círculo vicioso de crecer la deuda pública para mantener esos gastos, lo que además de obligar a conseguir financiamiento costoso en el exterior se transforma en una especie de aspiradora que recoge los recursos disponibles para ofrecer créditos al sector productivo. En otros términos, para evitar que el Estado se convierta en la competencia del sector privado y de consecuencia en el promotor del aumento en las tasas de interés.Eso le ha ocurrido a Colombia en épocas anteriores, y la llevaron a crisis como la de 1998. Y es lo que demanda un cambio que incentive las exportaciones y detenga el déficit de la balanza de pagos, superior ya a los US$18.000 millones. Es pues el momento para aumentar la producción de alimentos que sustituyan los importados, para aprovechar los discutidos Tratados de Libre Comercio y convertir la devaluación en una ventaja comparativa para exportar, en vez de usarla para promover bajas en aranceles a importaciones y como disculpa de la inflación que destruye la capacidad adquisitiva de los hogares. Así las cosas, el recorte de seis billones de pesos en el gasto y la inversión será bienvenido como un aporte del Gobierno para evitar las consecuencias que sobre la calificación de riesgo tiene Colombia en los mercados internacionales. Pero está claro que no es suficiente, como no lo será una nueva reforma tributaria si no se aprovecha el momento para cambiar el modelo de una economía basada en la venta de los recursos naturales a una en la cual se exporte valor agregado.

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