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El diálogo es necesario

Octubre 04, 2020 - 06:55 a. m. Por: Editorial .

Según los anuncios de los dirigentes de las comunidades indígenas del Cauca, a partir de mañana se iniciará una nueva toma de la carretera Panamericana. Es la oportunidad para entablar un diálogo serio que además de analizar y tratar de resolver los motivos de conflicto evite los graves problemas que siempre se producen a los millones de colombianos que habitan el sur de Colombia.

Esta vez, la protesta social será realizada por el Consejo Regional Indígena del Cauca y la comunidad Misak. Las razones para la toma de la vía son recurrentes, y se concentran en el incumplimiento de los compromisos firmados por distintos Gobiernos nacionales, además de los consabidos reclamos contra asuntos que nada tienen que ver con la situación de las comunidades indígenas.

Para ello piden la presencia del Presidente de la República y, según se conoce, se habla de desplazar la movilización por tierra a Cali y luego hasta Bogotá, en caso de que el encuentro que solicitan los dirigentes indígenas no se produzca. Y como era de esperar, quienes ven en esas protestas una oportuna bandera política no han desaprovechado la coyuntura para mostrarse como defensores de esa protesta.

Lo primero que debe reconocerse es la necesidad de entablar un diálogo entre el Gobierno Nacional, encabezado por el presidente Iván Duque, y las comunidades representadas en esa movilización. Pero debe incluir a todo el Cauca y ser sincero, respetuoso y alejado de los intereses políticos que confunden y crean barreras que desnaturalizan la iniciativa.

Es innegable que el Cauca es epicentro de grandes conflictos y sus habitantes necesitan de la presencia del Estado para resolverlos. En cuanto a las comunidades indígenas, ellas padecen necesidades que deben ser escuchadas y atendidas, además de que están en el medio de un conflicto causado por el narcotráfico e impulsado en parte por algunos de sus dirigentes que promueven las invasiones de tierras en el norte del departamento. Y son muchos los dirigentes sociales que padecen la amenaza de la delincuencia organizada, lo cual ha dejado una inaceptable estela de sangre y violencia.

Son bastantes los temas que necesitan atención, por lo cual es más que oportuno entablar el diálogo que se ha planteado. Pero debe ser un ejercicio pacífico y respetuoso y no una imposición por la fuerza. Y en él deben estar representados todos los sectores que hoy son afectados por las vías de hecho contra derechos adquiridos conforme a la ley o por la violencia de quienes quieren imponer el imperio del narcotráfico y la violencia.

Bajo esa perspectiva debe llevarse a cabo el encuentro entre las comunidades indígenas y el Cauca en general con el Gobierno Nacional.
Es la oportunidad para plantear salidas reales y prácticas a una situación que afecta a millones de colombianos y reclama respuestas. O de continuar con esa larga historia de desencuentros, de exigencias imposibles de cumplir, de promesas que no se vuelven realidad y de confrontaciones que hacen daño y aumentan la distancia entre sectores de una nación que hoy debería estar unida para superar los graves problemas que atraviesa.

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