El desafío del mal

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El desafío del mal

Octubre 20, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Cuatro días después de la demostración de fuerza del cartel de Sinaloa, el más poderoso de México, y de una semana en la cual se produjeron dos masacres de policías que dejaron más de treinta muertos, ese país padece la incertidumbre. Más aún cuando se ha producido la pobre y desafortunada respuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador y de sus autoridades frente al desafío del cual salió maltrecha la institucionalidad.

Lo ocurrido en Culiacán a raíz de la detención del hijo del Chapo Guzmán fue la demostración de hasta dónde llega la capacidad militar de ese grupo de narcotraficantes. Decenas de muertos, carros armados con ametralladoras que sólo deberían usar los militares y la amenaza a una población de ochocientos mil seres humanos en peligro, fue la reacción de los criminales a la detención de quien es buscado por la Justicia a causa de su prontuario delictivo.

Y la respuesta del gobierno encabezado por López Obrador no pudo ser más lamentable. Después de un procedimiento que ahora se dice que era irregular como argumento para soltar al detenido, el Presidente afirma que su decisión se basó en la necesidad de preservar la vida de los habitantes de esa ciudad, confirmando así que toda Sinaloa era rehén de la delincuencia y que el Estado legítimo renunciaba a perseguir a los violentos.

En medio de la balacera generalizada, el incendio de vehículos y los desfiles de caravanas de delincuentes armados, cincuenta y un presos calificados como de alta peligrosidad escaparon de la cárcel luego de asesinar a varios guardas. Y mientras todas esas escenas de terror eran transmitidas en vivo y en directo por la televisión y las redes sociales, las autoridades daban un parte de normalidad.

Fue una escena surrealista que volvió a desnudar la amenaza del narcotráfico y la impotencia o la confusión de sus autoridades para enfrentarla. En esta caso, México, experimenta la violencia que desafía las instituciones democráticas y pone en duda la capacidad de ese Estado para enfrentarla, y un gobierno que se debate entre la confusión mediática que resuelve todo con palabras, acepta el chantaje y no se decide a asumir su deber de proteger a la sociedad de sus enemigos.

Días antes, 13 militares fueron asesinados en una emboscada del Cartel Jalisco Nueva Generación en Michoacán. Y pocos días después, 14 civiles y otro uniformado murieron en un tiroteo en Iguala, en el Estado de Guerrero, en acciones contra el narcotráfico. Es el desafío del terror que no encuentra respuestas claras desde el Gobierno que se supone debe ofrecer garantías para la tranquilidad de los mexicanos y respuestas firmes contra la delincuencia, convertida ya en amenaza terrorista.

Como ocurrió en Colombia en las épocas del narcoterrorismo, son los carteles de la droga que crecen su poder militar y lo usan para amedrantar a toda una nación. En el caso de México, lo que se ve es un gobierno que pretende tapar el sol de la violencia con el dedo de la retórica, mientras no parece existir la estrategia del Estado y la coordinación de sus integrantes para enfrentar el desafío del mal que pone en peligro a la nación mexicana.

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