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El corazón de Pance

Agosto 03, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

La decisión de hacer un gran ecoparque en la zona de protección del río Pance, que cumpla el doble propósito de ayudar a la conservación ambiental y brindar un espacio para el deporte de los caleños, es un esfuerzo que se debe reconocer. Esa es la manera de recuperar un área que les pertenece a todos los caleños y que se ha puesto en riesgo por intereses particulares, por el descuido ciudadano o por la falta de control de las autoridades competentes.

De los problemas que afectan a Pance se conoce bastante. Son años de denuncias sobre el deterioro que le han causado al río, a sus riberas y a la cuenca las construcciones no autorizadas, las aguas servidas y sin ningún tratamiento que van a parar a su caudal, las intervenciones indebidas de su lecho e incluso los desechos que arrojan quienes lo visitan. También hay que lidiar con invasiones como la de La Viga, con zonas reclamadas como territorios indígenas así quienes las reclaman sean recién llegados, y en general con una sobrepoblación que destruye su entorno.

Por ello son tan importantes acciones como la que definió hace tres años la ampliación de la zona de reserva de su cuenca hidrográfica y creó el Distrito Regional de Manejo Integrado de Pance que abarca 1405 hectáreas, o mantener en buen estado el Parque de la Salud con sus 164 hectáreas de extensión que quedarán integrada al nuevo ecoparque. Por eso es necesario proteger los Farallones, que es donde nace el río y por donde serpentea antes de encontrarse con la civilización.

Una vez conocido el proyecto para crear el Ecoparque Corazón de Pance, que tendrá 71,4Km de reserva forestal y espacios para hacer deportes o contemplar la naturaleza, con un costo final de $71.000 millones que saldrán en su mayoría de vigencias futuras de la sobretasa ambiental que administra la CVC pero le corresponden a Cali, se debe pensar en la tarea más importante: educar a los caleños, en especial a quienes viven o tienen negocios en la zona, a los turistas y a los deportistas, para que cuiden ese entorno especial, único, con que cuenta la ciudad.

El Pance no es un río más. Hace parte de la identidad caleña, está en el corazón de sus habitantes que lo reclaman con orgullo, permanece en el alma de quienes lo conocen; así ha sido siempre y así deberá ser a futuro. Hoy es el que mejor se conserva de los siete afluentes que bañan a la capital del Valle, pese al deterioro que ha sufrido, y la tarea es recuperarlo por completo mientras se protege de los males que lo agobian.

En ello ayudará, sin duda, el próximo Ecoparque que entra ahora en etapa de diseño. Para que ese nuevo espacio dedicado a la protección de la naturaleza y al esparcimiento cumpla su cometido, deberán de manera simultánea adelantarse las tareas pendientes que demanda Pance, como determinar las regulaciones sobre desarrollo urbano y arquitectónico en la zona, lo que incluye el manejo de las aguas servidas, ejercer la autoridad para evitar las invasiones y establecer las normas para su uso para recreación, turismo y actividades económicas.

Lo más importante será formar a los caleños para que ese sentido de pertenencia sobre Pance, que siempre sacan a relucir, se traduzca en un compromiso real de cuidarlo y protegerlo.

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