El clamor ciudadano

El clamor ciudadano

Julio 21, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

Ayer se inició otra legislatura en el Congreso de la República. Aunque los resultados de los últimos años no han sido los que necesita el país, esta será una nueva oportunidad para realizar los cambios que requiere nuestra Nación para superar los males que afectan a sus instituciones.

Es imposible desconocer el efecto que han producido en la política los resultados de las elecciones del 2018, al dejar al Gobierno en minoría dentro del órgano legislativo. Como consecuencia, sus propuestas en casi todos los órdenes han sufrido derrotas, mientras el debate nacional se ha concentrado en la polarización que existe sobre el proceso con las Farc y las exigencias de una oposición que usa sus mayorías.

Tal situación se refleja en las dificultades que afectan a iniciativas cruciales para la buena marcha del Estado. Está en primer lugar la necesidad de ajustar la Justicia a los requerimientos de los colombianos, de la consecución de la paz mediante la resolución de los conflictos y el castigo oportuno a los delincuentes y del funcionamiento armónico con las otras ramas del poder público que ordena la Constitución.

Muchas son las propuestas de reforma que se han hundido por sus distorsiones, o no han logrado sobrevivir ante las presiones de unos o las inconformidades de quienes tienen el poder en la rama jurisdiccional. El resultado es un deterioro constante en la confianza de los colombianos en sus jueces, mientras se mantienen en sus manos funciones electorales y de otros órdenes que no deberían existir y que afectan el cumplimiento de su objetivo principal, el de ofrecer recta y cumplida justicia.

Y sigue la inexorable y urgente lucha que debe hacerse contra la corrupción que afecta muchísimos sectores de la actividad nacional, pública y privada. Pese a las manifestaciones de los colombianos y a las promesas que se escuchan en cada elección, en el Congreso han fracasado propuestas provenientes tanto del Gobierno como de instituciones como la Fiscalía, o de expresiones populares como la consulta celebrada en agosto de 2018.

Luego está la resistencia ya legendaria contra cualquier posibilidad de reformar la política para rescatarla de los vicios y las trampas que desvirtúan la esencia de la democracia. Semestre tras semestre, la noticia es el naufragio de reformas que mueren de inanición o son hundidas para evitar males mayores.

Así, puede decirse que el Congreso está en deuda con la Nación. Y aunque se produce el consabido y necesario juego político de una democracia, lo cierto es que esa especie de inmovilismo que impide cambiar las cosas que le hacen daño al país no tiene nada que ver con la constitución de una mayoría encabezada por el Gobierno para poder sacar adelante lo que es un mandato de todos los colombianos.

Son muchos los reclamos de la sociedad para que el Congreso supere esa incapacidad de ofrecer los resultados que de él se esperan. Y aunque el juego político debe tener cabida, cada vez es más angustiante la necesidad de renovar las instituciones para que se sintonicen con la realidad que vive la Nación. Ojalá se escuche el clamor ciudadano en la legislatura que comienza.

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