El cerco a Nóvita

Marzo 31, 2022 - 11:55 p. m. 2022-03-31 Por: Editorial .

Mientras la Fuerza Pública hace esfuerzos por rescatar la tranquilidad en las regiones colombianas, el narcotráfico y la delincuencia común siguen uniéndose, o enfrentándose, para mantener el control de amplias zonas del territorio nacional. Lo cual reclama la unión y la decisión del Estado para derrotar lo que sin duda es un desafío a las libertades y derechos de miles de colombianos expuestos al terror de esas alianzas.

Lo que está sucediendo ahora mismo en Nóvita, departamento del Chocó, es una muestra más de la tragedia humanitaria que causan las ambiciones de riqueza de criminales armados. Cinco mil personas pertenecientes a 900 familias que habitan en sus veredas están aisladas y en malas condiciones por culpa de los narcos y el Eln que combaten entre sí por el control de las rutas para movilizar las drogas ilícitas hacia el río San Juan y, de paso, por quedarse con las explotaciones de minería ilegal que abundan en la región.

Según las denuncias del alcalde de ese municipio así como las alertas tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo, el asedio en la zona del río Tamaná es de tal tamaño que las autoridades deben realizar esfuerzos supremos para hacerles llegar alimentos y suministros a quienes están atrapados por la violencia que los circunda. Y el Ejército Nacional realiza despliegues para defender a esas personas mientras enfrentan con grandes dificultades a la delincuencia que ha encontrado en la riqueza de la zona y en su posición estratégica para sus actividades criminales una razón para desatar una guerra.

Esa es la misma tragedia que afecta a otras regiones del Chocó, condenando a sus habitantes a la zozobra, a la pobreza y al temor. El resultado se refleja en la imposibilidad de realizar las actividades de caza, pesca y agricultura que les genera su alimentación y sus ingresos. Y ahora, las carreteras han sido minadas mientras los ríos son imposibles de transitar ante el riesgo de ataques a quien se atreva a navegarlos. Por ello, el aislamiento se produce en un vasto sector, y para los militares es difícil controlar la situación, por lo menos de manera inmediata.

Tal situación debe ser atendida desde el aspecto humanitario pues son miles de personas que necesitan ayuda. Pero también desnuda las dificultades y problemas que reclaman del Estado la presencia decidida y en las dimensiones que sean necesarias para impedir que los criminales impongan su dominio.

Como ocurre en todo el Chocó, Nóvita padece el abandono que los está dejando en manos de quienes se apoderan de sus riquezas y sus ventajas geográficas para su enriquecimiento, lo que desencadena la violencia que destruye sus comunidades, que siembra el hambre y ocasiona el desplazamiento de quienes tienen derecho a llevar una vida digna y en paz.

Colombia no puede seguir insensible ante lo que está ocurriendo en una región que, como casi todo el Litoral Pacifico, está a merced del crimen organizado, llámese Eln, disidencias de las Farc o narcotraficantes. Los integrantes de 25 comunidades de Nóvita necesitan con urgencia la mano de toda nuestra Nación para recupera su libertad.

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